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Un evangelizador lleno de abnegación

Un evangelizador lleno de abnegación

J. Alfredo MONREAL SOTELO | Diócesis Ciudad Guzmán |

En el contexto de su visita pastoral a Estados Unidos, el Papa Francisco canonizará este 23 de septiembre de 2015 al fraile franciscano español Junípero Serra, quien realizó una importante labor misionera en territorio de la Nueva España (hoy México) y se le considera el fundador de las misiones de la Alta California.

Serra nació el 24 de noviembre de 1713, en Petra (Mallorca), España, del matrimonio formado por Antonio Serra y Margarita Ferrer, modestos labrado- res, honrados y de mucha fe. Recibió en su bautismo el nombre de Miguel José. A la edad de 15 años empieza a asistir a las clases de filosofía en el convento de San Francisco de Palma y al año siguiente vistió el hábito franciscano en el convento de Santa María de Jesús, fuera de la ciudad. El 15 de septiembre de 1731 realizó los votos religiosos, adoptando el nombre de Junípero.

Fue maestro en el convento de San Francisco y cuando se había hecho acreedor de los mayores honores y aplausos, decidió dejarlo todo para seguir la vocación misionera. En 1749, tras una larga travesía de 99 días, llegó a Veracruz en las costas mexicanas. Con otro compañero hizo a pie la caminata de cien leguas hasta el colegio de misioneros de San Fernando en la Ciudad de México. A los seis meses de su llegada ya era presidente de un grupo de voluntarios que hizo camino hacia el corazón de la Sierra Gorda, Querétaro, en donde inició su importante labor misionera. Ocho años estuvo en aquellas inhóspitas tierras, siempre infatigable y emprendedor. Aprendió la lengua nativa, enseñó a cultivar la tierra, montó granjas y talleres, inició a los indígenas en los rudimentos de las ciencias y las artes. También los adiestró en el comercio y les instruyó la fe católica.

Por aquel tiempo se suprimió la Orden de los Jesuitas en todos los territorios españoles y en consecuencia quedaron abandonadas las misiones de la Baja California. El Virrey Marqués de Croix encargó a los franciscanos asumir este territorio y de nuevo es- tuvo el Padre Serra como presidente y voluntario de un grupo de religiosos. En 1768, desde San Blas (Nayarit) partió Fray Junípero con 15 compañeros hacia el puerto de Loreto para ocupar las misiones vacantes. Loreto era en ese entonces un pueblo muy pobre y allí los misioneros celebraron la Pascua de Resurrección con la mayor solemnidad posible y posteriormente el gobernador les leyó la carta del Virrey, mediante la cual se les entregaban formalmente las misiones, informándoles que sólo debían ocuparse de la administración espiritual; la temporal debía quedar en manos de los comisionados.

Meses después, el padre Junípero Serra fue llamado por el visitador José de Gálvez para que formara parte de la expedición dirigida hacia la Alta California, en la compañía dirigida por Gaspar de Portolá y que marcharía a pie hacia el encuentro con los paquebotes (navíos) en San Diego, donde se fundó la primera misión de la Alta California.

De la expedición misionera de Fray Junípero Serra nos dice Francisco Palou: “Toda esta expedición va caminando en busca del puerto de San Diego, y de allí ha de cruzar hasta el de Monterrey. Llevan muchas provisiones y mucho ganado vacuno para criar, y para todas las misiones muchos y ricos ornamentos, campanas y demás alhajas, así de Iglesia como de sacristía, sin que falte lo más mínimo de cuanto se ha considerado ser necesario o útil”.

El primero de julio de 1769 llegaron al puerto de San Diego y allí se quedaron con los enfermos del viaje: Fray Junípero, Fray Juan González Vizcaíno y Fray Fernando Parrón; los demás siguieron caminando en busca del puerto de Monterrey. Un primer intento fracasó y desanimó la expedición, que fue salvada por la constancia y el temple de Fray Junípero Serra será canonizado Fray Junípero. En un nuevo intento se descubrió Monterrey y se salvó todo el proyecto misionero. Fray Junípero se instaló junto al Río Carmelo, donde en 1770 fundó la segunda misión, misma que se convirtió en su residencia habitual, de la que partiría tantísimas veces para realizar la tarea evangelizadora. En la época de Fray Junípero se fundaron las misiones de: San Diego, San Carlos en Carmelo, San Antonio, San Gabriel y San Luis Obispo, además las de San Francisco, San Juan Capistrano, Santa Clara y San Buenaventura.

El padre Serra recorrió miles de kilómetros esparciendo las semillas de la fe cristiana. Cojeando y valiéndose de un bastón, cruzó varias veces los campos californianos para visitar las misiones y estar cerca de sus hermanos misioneros. A todos escuchó y atendió y se ocupó de los problemas y necesidades de los indígenas. Murió el 28 de agosto de 1784. Su canonización es un reconocimiento a su testimonio “evangelizador lleno de abnegación”, como dijo San Juan Pablo II al beatificarlo.

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