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Primeras palabras del Papa en México: fuertes y claras

Primeras palabras del Papa en México: fuertes y claras

Para IMDOSOC (Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana), uno de los principales problemas del país es la grave desigualdad que genera pobreza (55 millones de pobres y de ellos 11.5 millones en extrema pobreza), por lo que coincidimos plenamente con las palabra pronunciadas hoy por el Papa: ¨La experiencia nos demuestra que cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano, la vida en sociedad se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo.¨

El Papa emitió su primer discurso dirigido al Presidente del País y a otras autoridades, en el Palacio Nacional en un acto protocolario. Coincidimos plenamente con el Papa en su insistencia de trabajar por el Bien Común, aunque “no tenga buen mercado”. El Papa en tono esperanzador y profético afirmó: “(…) un futuro esperanzador se forja en un presente de hombres y mujeres justos, honestos, capaces de empeñarse en el bien común, este «bien común» que en este siglo XXI no goza de buen mercado.”

El discurso del Papa en su compromiso por una mejor sociedad, se dirigió directamente a la clase política y a la ciudadanía, especialmente a los cristianos, para hacer «una política auténticamente humana».

Por eso debemos  buscar todos una mejor convivencia, lo que pasa por las actitudes y no sólo por las leyes: “no es sólo un asunto de leyes que requieran de actualizaciones y mejoras —siempre necesarias—, sino de una urgente formación de la responsabilidad personal de cada uno, con pleno respeto del otro como corresponsable en la causa común de promover el desarrollo nacional.”

El Papa Francisco, que está por cumplir tres años de pontificado, pronunció su primer mensaje en México, el segundo país con más número de católicos después de Brasil, insistió en “renovar (…) la experiencia de la misericordia como un nuevo horizonte de posibilidad que es inevitablemente portador de justicia y de paz“.

Invitación a la cercanía y a la unidad

Posteriormente en la Catedral Metropolitana se encontró con los Obispos de México, en su discurso el Papa Francisco, se refirió a la tradición religiosa del pueblo mexicano, tan cercano a la Virgen de Guadalupe: “Cuánto quisiera que fuese Ella misma quien les lleve, hasta lo profundo de sus almas de Pastores y, por medio de ustedes, a cada una de sus Iglesias particulares presentes en este vasto México” este mensaje. Cabe recordar que la “Encuesta Creer en México” realizada por IMDOSOC, nos da indicadores precisos que han dado origen a algunas interpretaciones en las que se habla de un pueblo espiritual pero no religioso, es decir, que no la práctica de manera institucional ni considera lo social como constitutivo de su fe.

En este país tan devastado por la violencia el Papa propuso a los obispos de México renovar su mirada: “se necesita una mirada capaz de reflejar la ternura de Dios.  Sean por lo tanto obispos de mirada limpia, de alma transparente, de rostro luminoso. No le tengan miedo a la transparencia.”

Reconociendo que este país es un país de jóvenes, el Papa recomendó: “Que vuestras miradas sean capaces de cruzarse con las miradas de ellos, de amarlos y de captar lo que ellos buscan,  (y) no minusvalorar el desafío ético y anticívico que el narcotráfico representa para la juventud y para la entera sociedad mexicana, comprendida la Iglesia”.

Les rogó: “cuidar la formación y la preparación de los laicos, superando toda forma de clericalismo e involucrándolos activamente en la misión de la Iglesia, sobre todo en el hacer presente, con el testimonio de la propia vida, el evangelio de Cristo en el mundo”.

Otra preocupación que hace presente a los obispos es trabajar por la unidad y también enfocar la labor pastoral “comenzando por las familias; acercándonos y abrazando la periferia humana y existencial de los territorios desolados de nuestras ciudades”.

Les pidió también mirar con singular delicadeza a “los pueblos indígenas, para ellos y sus fascinantes y no pocas veces masacradas culturas”, como anticipo de lo que va a pronunciar en Chiapas. Y respecto de los migrantes afirmó  que “son millones los hijos de la Iglesia que hoy viven en la diáspora o en el tránsito, peregrinando hacia el norte en búsqueda de nuevas oportunidades. Muchos de ellos dejan atrás las propias raíces para aventurarse, aún en la clandestinidad que implica todo tipo de riesgos, en búsqueda de la «luz verde» que juzgan como su esperanza. Tantas familias se dividen; y no siempre la integración en la presunta «tierra prometida» es tan fácil como se piensa. Hermanos, que sus corazones sean capaces de seguirlos y alcanzarlos más allá de las fronteras”. Sin duda este mensaje es un llamado a la unidad y la reconciliación.

Insistimos como laicos comprometidos y promotores del compromiso social, en difundir y profundizar en todos estos mensajes que sin duda nos deben mover a la acción para construir juntos una realidad justa a la luz del Evangelio, más allá de la anécdota y la parafernalia.

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