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¿En dónde tiene sus certezas?

¿En dónde tiene sus certezas?

Por Antonio MAZA PEREDA |

En esta época de incertidumbres casi todos estamos buscando seguridades y certezas. A nivel personal, pero también a nivel social. Y, tristemente, nuestras certezas se están derrumbando, una por una. ¿En dónde podremos encontrar certidumbres qué no nos fallen? Cuando todo está saliendo mal, tal vez la única certeza la podemos encontrar dentro de nosotros mismos.

En estos momentos todo parece estar cambiando. Un exceso de información, no validada, contradictoria, de fuentes desconocidas o indignas de confianza. Tan indignas de confianza como los que generan esas informaciones. Un cambio de criterios y de instituciones que en otro tiempo nos dieron certezas. Es cierto que vivimos en un momento de “mal humor social” o, posiblemente, más bien estamos en un momento de tristeza social. Pero también es cierto que se vive con un nivel bastante alto de miedos. Miedo por las situaciones, pero sobre todo por haber perdido lo que nos daba seguridad.

A nivel personal, a algunos les da seguridad su dinero, sus posesiones. A otros el prestigio, su nivel social. Hay otros que obtienen su seguridad de sus relaciones y muchos otros de sus capacidades, de su inteligencia. La belleza o la salud. No faltan los que ponen sus seguridades en lo que Luis Rubio llama “el mundito de los privilegios”, o en instituciones de distintos tipos.

A nivel social, también puede haber otras fuentes de seguridad. Las leyes. Las instituciones. La confianza entre gobernados y gobernantes. La capacidad de los funcionarios públicos. La popularidad de los gobernantes. Reglamentos nacionales e internacionales, tribunales, el imperio de la ley. Acuerdos, Alianzas y Tratados. A un nivel más filosófico: la razón, la verdad, los argumentos.

En estos tiempos postmodernos todo esto parece derrumbarse. Las promesas de prosperidad y paz se rompen una y otra vez. La violencia y la impunidad anulan muchas certezas. Los conocimientos, los títulos académicos, que en otro momento fueron las llaves para un futuro promisorio, cada vez resultan menos efectivos ante el vertiginoso cambio del conocimiento y de la información. Las promesas de un estado benefactor (o un ogro filantrópico, como decía Octavio Paz) han entrado una y otra vez en bancarrota.

¿En dónde podremos encontrar certezas? ¿Cómo lograrlo cuando ni siquiera la verdad y la razón son aceptadas y son sustituidas por el relativismo y los “hechos alternativos”? Ante este estado de confusión no es difícil caer en distintos populismos, de diferentes signos, como señala Enrique Krauze.

A nivel personal, cuesta trabajo incluso encontrar certezas en nosotros mismos. Hemos caído incluso en la desconfianza en nuestras capacidades. Tal vez las únicas certezas que nos quedan están en el ámbito de lo trascendente. En los que somos creyentes, en la convicción de que todo esto no es más que una etapa transitoria, después de la cual vendrá una vida eterna. En los que no son religiosos, tal vez las encuentran en un concepto, que podríamos llamar idealista, del “deber ser”, en una creencia en que la humanidad siempre ha encontrado una manera de resolver sus problemas. Una creencia que no deja de ser también un acto de fe. Conceptos que muchos creyentes también aceptamos.

A nivel social, es necesario reencontrar el concepto del bien común. Porque si no se tiene una claridad sobre lo que significa lo bueno para la sociedad, es muy difícil siquiera imaginar soluciones a los problemas que hoy nos causan incertidumbre. Por otro lado, creo que la única seguridad que nos queda en este nivel es la convicción de que nuestras poblaciones tienen muchas más capacidades de las que han podido ejercer. Como lo han demostrado en toda la historia muchos emigrantes que, abandonado las situaciones que les impedían su desarrollo, encuentran prosperidad, desarrollo cultural y social en otras tierras. Creo que las sociedades, una vez que logran un cambio en las situaciones les impiden que crecer, una vez que pueden tomar las riendas de su destino, encuentran soluciones y logran situaciones mucho mejores.

Sin pensar que esto  termina en una especie de filosofía de autoayuda, es importante cultivar la confianza en nosotros mismos, en lo individual. Y la confianza de nuestros conciudadanos, en lo colectivo. Confianza en que nuestra sociedad es, en lo fundamental, buena. Y que nosotros somos, de fondo, capaces de mucho más de lo que hemos logrado hasta ahora. Sí, no hay mucho que no se impulse a la esperanza. Esa esperanza hay que construirla y desarrollarla. La solución está en nosotros mismos, no en los mesianismos, no en la demagogia, y posiblemente tampoco en una élite de “sabios” que nos traigan soluciones ya prefabricadas. Las soluciones personales y sociales las tenemos que construir entre todos, a la medida, a mano. Aceptar que podrán fallar pero que siempre podemos mejorarlas. Sí, podemos ver esta situación como la era de calamidades. Pero también la podemos ver cómo los dolores de parto que darán a luz una sociedad mucho mejor

@mazapereda

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