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Papa: el viaje a Egipto, para promover el diálogo y la esperanza de la paz

La promoción del diálogo entre musulmanes y cristianos y de la paz, así como la consolidación de las relaciones con los coptos ortodoxos, fueron el objetivo del viaje que el Papa efectuó a Egipto el fin de semana pasado, y del cual habló a las personas presentes en la plaza San Pedro para la audiencia general.

La paz ante todo, que, tal como recordó Francisco, también fue el tema central de la visita, que tuvo como lema “El Papa de la paz en un Egipto de paz”. Paz, dijo hoy, que “se construye mediante la educación, la formación de la sabiduría, de un humanismo que comprende como parte integrante la dimensión religiosa, la relación con Dios”. Fue éste el tema del cual habló en la conferencia organizada por la universidad de al-Azhar, que también fue la ocasión para un encuentro con el Gran imán.

Por último, Francisco resaltó que con el presidente y las autoridades del país subrayó el valor de la “sana laicidad” y del respeto de la ley, mientras que los católicos –a los cuales dedicó el segundo día de la visita- fueron exhortados a encontrar siempre, en Cristo, “la alegría de la fe, el ardor de la esperanza y la fuerza de testimoniar en el amor que ‘¡hemos encontrado al Señor!’”.

Haciendo un recorrido por las etapas del viaje, el Papa primero dio las gracias por la invitación recibida de las autoridades civiles y religiosas y definió como “extraordinario” el compromiso que las mismas han puesto para el éxito de la visita.

“Mi visita a la Universidad de al-Azhar, la más antigua universidad islámica y máxima institución académica del Islam sunita –dijo luego-, ha tenido un doble horizonte: el del diálogo entre cristianos y musulmanes y, al mismo tiempo, el de la promoción de la paz en el mundo. En al-Azhar se realizó el encuentro con el Gran Imán, encuentro que después se amplió en la Conferencia Internacional por la Paz. En este contexto, he ofrecido una reflexión que ha valorizado la historia de Egipto como tierra de civilización y tierra de alianzas. Para toda la humanidad, Egipto es sinónimo de antigua civilización, de tesoros de arte y de conocimiento; y esto nos recuerda que la paz se construye mediante la educación, la formación de la sabiduría, de un humanismo que comprende como parte integrante la dimensión religiosa, la relación con Dios, como lo ha recordado el Gran Imán en su discurso. La paz se construye, también, partiendo de la alianza entre Dios y el hombre, fundamento de la alianza entre todos los hombres, basado en el Decálogo escrito en las tablas de piedra del Sinaí, pero más profundamente en el corazón de todo hombre de todo tiempo y lugar, ley que se resume en los dos mandamientos del amor a Dios y al prójimo”.

 

“Este mismo fundamento está también en la base de la construcción del orden social y civil, al cual están llamados a colaborar todos los ciudadanos, de todo origen, cultura y religión. Esta visión de sana laicidad ha aparecido en el intercambio de discursos con el Presidente de la República de Egipto, con la presencia de las Autoridades del país y del Cuerpo Diplomático. El gran patrimonio histórico y religioso de Egipto, y su rol en la región medio-oriental, le confiere una tarea peculiar en el camino hacia una paz estable y duradera, que se basa no en el derecho de la fuerza, sino en la fuerza del derecho”.

“Los cristianos, en Egipto como en toda nación de la tierra, están llamados a ser levadura de fraternidad. Y esto es posible si viven en sí mismos la comunión con Cristo. Gracias a Dios, hemos podido dar un fuerte signo de comunión junto a mi querido hermano, el Papa Teodoro II, Patriarca de los Coptos ortodoxos. Hemos renovado el compromiso de caminar juntos, incluso firmando una Declaración Conjunta, y de comprometernos para no repetir el Bautismo administrado en las respectivas Iglesias. Juntos, hemos orado por los mártires de los recientes atentados que han golpeado trágicamente aquella venerable Iglesia; y su sangre ha fecundado este encuentro ecuménico, en el cual ha participado también el Patriarca de Constantinopla, Bartolomé. El Patriarca ecuménico, mi querido hermano”.

“El segundo día del viaje estuvo dedicado a los fieles católicos. La Santa Misa celebrada en el Estadio, puesto a disposición por las Autoridades egipcias, ha sido una fiesta de fe y de fraternidad, en la cual hemos sentido la presencia viva del Señor Resucitado. Comentando el Evangelio, he exhortado a la pequeña comunidad católica de Egipto a revivir la experiencia de los discípulos de Emaús: a encontrar siempre en Cristo, Palabra y Pan de vida, la alegría de la fe, el ardor de la esperanza y la fuerza de testimoniar en el amor que “¡hemos encontrado al Señor!”. Y el último momento lo he vivido junto a los sacerdotes, los religiosos y las religiosas y los seminaristas, en el Seminario Mayor. Hay tantos seminaristas… Y esta es una consolación. Ha sido una liturgia de la Palabra, en la cual se han renovado las promesas de la vida consagrada. En esta comunidad de hombres y mujeres que han elegido entregar la vida a Cristo por el Reino de Dios, he visto la belleza de la Iglesia en Egipto, y he orado por todos los cristianos del Oriente Medio, para que, guiados por sus pastores y acompañados por los consagrados, sean sal y luz en estas tierras, en medio de estos pueblos. Egipto, para nosotros, ha sido un signo de esperanza, de refugio, de ayuda. Cuando aquella parte del mundo estaba hambrienta, Jacob, con sus hijos, se dirigió allí; luego, cuando Jesús fue perseguido, se dirigió allí. Por esto, narrarles este viaje, forma parte del camino a la hora de hablar de la esperanza: para nosotros Egipto tiene este signo de esperanza, tanto  para la historia, como para el hoy, por esta fraternidad de la cual les he hablado”.

“Agradezco nuevamente –concluyó- a quienes han hecho posible este viaje y a todos aquellos que, de distintas maneras,  dieron su aporte, especialmente a tantas personas que han ofrecido sus oraciones y sus sufrimientos. La Santa Familia de Nazaret, que emigró a las orillas del Nilo para huir de la violencia de Herodes, bendiga y proteja siempre al pueblo egipcio y lo guíe por el camino  de la prosperidad, de la fraternidad y de la paz”.

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