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Urge dar mayor espacio a las mujeres en todos los ámbitos, incluida la Iglesia

Urge dar mayor espacio a las mujeres en todos los ámbitos, incluida la Iglesia

Dar mayor espacio a la mujer en todos los ámbitos, comprendido el eclesial, no sólo porque ella tiene un rol “inestimable” en la educación, sino también porque da “un importante aporte al diálogo con su capacidad de escuchar, de acoger y de abrirse generosamente a los otros”. La promoción de la mujer, “también a través de los instrumentos legales donde se revelen necesarios”, fue el argumento del cual el Papa Francisco habló esta mañana a los participantes en la asamblea plenaria del Consejo Pontificio para el diálogo interreligioso, reunida sobre el tema “El rol de la mujer en la educación a la fraternidad universal”.

“Lamentablemente -observó- vemos como hoy la figura de la mujer en cuánto educadora a la fraternidad universal es ensombrecida y a menudo no reconocida, debido a tantos males que afligen a este mundo y que, golpean en especial a las mujeres en su dignidad y en su papel. En efecto, las mujeres e incluso los niños, están entre las víctimas más frecuentes de una violencia ciega. Allí donde prevalecen el odio y la violencia, se destroza a las familias y a las sociedades, impidiendo a la mujer que desarrolle, en comunión de intenciones y de acción con el hombre, su misión de educadora de forma serena y eficaz.

Francisco luego subrayó tres aspectos del tema al centro de la Asamblea: valorizar el rol de la mujer, educar a la fraternidad y dialogar.

Valorizar el rol de la mujer. En la sociedad compleja de hoy, caracterizada por la pluralidad y la globalización, se necesita de un mayor reconocimiento de la capacidad de la mujer para educar a la fraternidad universal. Cuando las mujeres tienen la posibilidad de transmitir la plenitud sus dones a la entera comunidad, la misma modalidad con la cual la sociedad se comprende y se organiza resulta positivamente transformada, llegando a reflexionar mejor la substancial unidad de la familia humana. Es entonces un benéfico proceso el de la creciente presencia de las mujeres en la vida social, económica y política a nivel local, nacional e internacional, hasta en la eclesial. Las mujeres tiene el pleno derecho de colocarse en todos los ambientes y su derecho va afirmado y protegido también a través de instrumentos legales allí donde se revelen necesarios”.

Educar a la fraternidad. Las mujeres, como educadores, tienen una vocación particular, capaz de hacer nacer y crecer nuevas formas de aceptación y respeto mutuo. La figura femenina siempre ha estado en el centro de educación de la familia, no sólo como madre. La contribución de las mujeres en la educación tiene un valor incalculable. Y la educación trae una gran cantidad de implicaciones tanto para la propia mujer, sea por su forma de ser, sea por sus relaciones, por la postura frente a la vida humana y la vida en general.

En última instancia, todos – hombres y mujeres – están llamados a contribuir a la educación a la fraternidad universal que es entonces, en el análisis final, educación para la paz en la complementariedad de las diferentes sensibilidades y sus funciones. Así las mujeres, íntimamente ligadas al misterio de la vida, puede hacer mucho para promover el espíritu de fraternidad, con su atención para la preservación de la vida y su creencia de que el amor es la única fuerza que puede hacer un mundo habitable para todos. De hecho, las mujeres a menudo son los únicos que acompañan a otros, especialmente aquellos que son los más vulnerables en la familia y en la sociedad, las víctimas de la guerra y cuantos deben enfrentarse a los retos de cada día. Gracias a su contribución, la educación a la fraternidad – por su carácter inclusivo y generador de relaciones – puede superar la cultura del descarte”.

Diálogar. Es evidente en cuanto a la educación a la fraternidad universal, lo que significa también aprender a construir lazos de amistad y respeto, que es importante en el campo del diálogo interreligioso. Las mujeres se dedican, a menudo más que los hombres, a nivel de ‘diálogo de vida’ dentro del ámbito interreligioso, y así contribuir a una mejor comprensión de los desafíos característicos de una realidad multicultural. Pero las mujeres también pueden entrar de lleno en el intercambio a nivel de la experiencia religiosa, no menos que en el nivel teológico. Muchas mujeres están bien preparados para hacer frente a las reuniones de diálogo entre religiones en el nivel más alto y no sólo en el lado católico. Esto significa que la contribución de las mujeres no debe limitarse a ‘problemas de la mujer’ o a reuniones para mujeres solamente. El diálogo es un proceso que la mujer y el hombre tienen que hacer juntos. Hoy más que nunca, es necesario que las mujeres estén presentes. La mujer – concluyó el Papa – que posee características únicas, puede hacer una contribución importante al diálogo con su capacidad de escuchar, acoger y de abrirse generosamente a los demás”.

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