En el centenario del nacimiento de Juan Rulfo

Por Francisco Xavier SÁNCHEZ |

El cuento “En la madrugada” de Juan Rulfo es un relato que entremezcla, como la niebla que allí se relata, claroscuros con respecto a los sentimientos humanos, que desembocan en la búsqueda de una nueva forma de justicia.

La historia narra (por medio de un narrador anónimo y del viejo Esteban) lo que sucedió un día en San Gabriel (pueblo donde pasó su infancia Juan Rulfo). El viejo Esteban (arriero de vacas) regresaba a San Gabriel en la madrugada de Jiquilpan, a donde llevaba a pastar las vacas de su patrón don Justo. Ese día le tocaba desahijar (es decir separa a la vaca de su becerro) a una vaca, que incluso ya estaba preñada nuevamente. Esteban le permitió al becerro saborear por última vez las ubres de su madre antes de separarlos, pero se molestó porque el becerro le mamó las cuatro tetas a la vaca y empezó a golpearlo. En eso llegó su patrón don Justo, que acababa de pasar la noche con su sobrina Margarita, y al ver como el viejo golpeaba al becerro, se molestó y comenzó a golpear al viejo. El cuento termina cuando el viejo Esteban se encuentra detenido en la cárcel y lo van a juzgar, supuestamente por haber matado a don Justo.

La atención en un primer momento se centra en la muerte del patrón Don Justo, que en la narración de Juan Rulfo no se sabe con exactitud si murió de coraje o porque su arriero el viejo Esteban lo mató. “Que dizque yo lo maté. Bien pudo ser. Pero también pudo ser que él haya muerto de coraje.” (p. 46). Sin embargo más allá de esa muerte puntual, y del posible asesinato o no de Don Justo, nos parece que lo que está en juego en esta historia es el comportamiento injusto del patrón hacía su pobre trabajador, e inmoral hacia su propia sobrina. En este aspecto el nombre de don “Justo”, dado por Rulfo al rico ganadero, es un nombre irónico porque en realidad no es un hombre justo.

Una señal de la intención de Rulfo en esta historia es la larga introducción con la que inicia su relato y que incluso da el título al cuento: En la madrugada. ¿Qué pasa en la madrugada? “San Gabriel sale de la niebla húmedo de rocío. Las nubes de la noche durmieron sobre el pueblo buscando el calor de la gente. Ahora está por salir el sol.” (p. 41). Como es el estilo habitual de Rulfo, en este cuento emplea varias frases con estilo de prosopopeya para personificar elementos naturales. En la madrugada, la oscuridad de la noche, de la injusticia y de la inmoralidad, debe dejar lugar a la claridad del día, de la justicia y de la rectitud. El titulo y elementos de este cuento nos hacen pensar en Nietzsche, que buscaba también un futuro mejor para el ser humano. El libro del pensador alemán Aurora, que trata sobre los prejuicios morales impuestos, indica también un nuevo comienzo para el hombre.

Pareciera ser como si Rulfo vislumbrara un nuevo amanecer para el pueblo de su infancia. Don Justo representa en el cuento una Ley injusta que debe morir. “Esa noche no encendieron las luces, de luto, pues don Justo era el dueño de la luz.” (p. 47). A la luz artificial que se enciende gracias a don Justo, el pueblo debe buscar una nueva luz humana basada en el respeto y la justicia, un nuevo amanecer. Esteban se presenta como el liberador de su pueblo. Un pueblo que lleva además el nombre del ángel San Gabriel, el mensajero de Dios que viene a anunciar el nacimiento de Jesucristo liberador.

En el cuento hay tres parejas de personajes relacionados entre ellos y que nos indican el cambio ético, basado en la justicia, que nos presenta el relato. La vaca con su becerrito; don Justo con la niña Margarita; y el viejo Esteban posiblemente con su esposa. 1. La vaca y su becerro ya tienen que separarse, sin embargo no lo logran: “Estás ya por parir y todavía te encariñas con este grandulón.” (p. 43). Pareciera ser que comenten una acción “incestuosa” que les impide llevar una vida sana e independiente, y es lo que molesta al viejo Esteban que los separa y golpea al becerro. 2. Por su parte don Justo mantiene una relación incestuosa con su sobrina, la niña Margarita, hija de su hermana que está paralítica. “Si es señor cura autoriza esto, yo me casaría con ella; pero estoy seguro de que armará un escándalo si se lo pido. Dirá que es un incesto” (p. 45). El viejo Esteban sabe que su patrón, que debería asegurar la rectitud, no es tan justo como pretende serlo: “Y estaba yo quitando la tranca del zaguán cuando vi al patrón don Justo que salía de donde estaba el tapanco, con la niña Margarita dormida en sus brazos y que atravesaba el corral sin verme.” (p. 43). 3. Y finalmente la relación que el viejo mantiene con su vieja es la relación más equilibrada en ésta historia: “y cuando desperté estaba en mi catre, con la vieja allí a mi lado consolándome de mis dolencias como si yo fuera un chiquillo y no este viejo desportillado que yo soy.” (p. 44).

En el fondo se trata de un cuento revolucionario y subversivo. Los pobres deben de dejar de mirar a los ricos con complejo de inferioridad. Ellos no son tan perfectos como aparentan. La vida de miseria que ellos les imponen a la fuerza debe cambiar por el bien de todos. Don Justo piensa que todo le pertenece en su hacienda: su sobrina, las vacas, y sobre todo la vida misma de sus trabajadores. Es un hombre que vive amargado, prisionero de su propio egoísmo. “Tenía muy mal genio. Todo le parecía mal (…) hasta que yo estuviera flaco no le gustaba. Y cómo no iba a estar flaco si apenas comía” (p. 46).

La opresión de unos sobre otros (sexual, económica y moral) es algo que perjudica a ambas partes, que deshumaniza tanto a ricos como pobres. Una frase central del texto es la siguiente: “Quizá los dos estábamos ciegos y no nos dimos cuenta de que nos matábamos uno al otro. Bien pudo ser.” (p. 47).

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