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Venezuela abandonada, olvidada

Por Antonio MAZA PEREDA |

Más de 100 días de manifestaciones públicas. Hambre y enfermedad en el que fue uno de los países más ricos de Latinoamérica. La profundización de una dictadura en el país que fue ejemplo de democracia en América del Sur durante la mayor parte del siglo XX. Muertos por manifestarse públicamente, presos políticos, congresistas golpeados por las “masas bolivarianas”. Y mientras, cobardemente, el mundo, las organizaciones internacionales, las ONG y los paladines de la paz callan cobardemente.

Ahora, por consejo de José Luís Rodríguez Zapatero, sacan de la cárcel a Leopoldo López Mendoza, líder del partido Voluntad Popular y personaje importante de la oposición venezolana. Lo sacan de la cárcel, pero no le dan libertad: está bajo arresto domiciliario, sin derecho a salir de su casa y sujeto a ser encarcelado de nuevo sin necesidad de una orden judicial. Propuesta cosmética la de Rodriguez Zapatero, solo para dar la impresión de que hay alguna mejora, alguna esperanza. Para lavar la cara del tirano.

Mientras tanto, el Sr. Maduro aumenta el salario mínimo en un 50%. Poco consuelo para una población que está soportando una inflación del 700% anual, como calcula el Fondo Monetario Internacional para el 2017 y más de 2000% para el 2018. Y que, aunque le den dinero, encuentra las tiendas vacías. Y, para tapar el estrepitoso fracaso de su gobierno acusa a “los burgueses” de hacer una guerra económica al país. Sin duda, le vendría muy bien un bloqueo económico como el de Cuba, para tener un pretexto para la ineptitud de su gobierno.

Por otro lado, además de la cobardía de las organizaciones mundiales, es una realidad que esos organismos tienen pocos mecanismos para defender a una población inerme, como la venezolana. Por eso no actúan. Pueden poner sanciones económicas, pero eso solo empeoraría la situación de la población y no le preocuparía mayormente al tirano. Podrían mandar “tropas de paz”, los famosos cascos azules, pero sería de esperarse que el ejército venezolano no lo permitiría y la población civil también saldría lastimada. Podrían organizar entregas masivas de víveres y medicamentos, lo cual ya urge. Podrían mostrar el repudio internacional al gobierno malamente llamado bolivariano. Podrían excluir a este gobierno de organismos y foros internacionales. Lo cual ya ha ocurrido con Corea del Norte, sin mayor efecto.

Lo más triste es que Venezuela ya no está en el radar de la ciudadanía del mundo. Los medios de comunicación solo se ocupan de lo novedoso. Cien días de manifestaciones ya se han vuelto una rutina. Ya no es algo novedoso y, por lo tanto, no es algo noticioso. La tragedia humanitaria de Venezuela ya no es noticia. Mostrar anaqueles vacíos por enésima vez, no vende periódicos ni da puntos de rating. Maduro apuesta a la desmemoria de la población mundial, como apostaron sus asesores cubanos en su momento. Una tragedia repetida miles de veces, deja de ser noticia. Y una vez que se olvida, se puede actuar con total impunidad. A eso le apuestan.

¿Qué nos queda a los ciudadanos de otros países? Poco, pero eso poco hay que hacerlo. Seguir los hechos de Venezuela, en las redes sociales y en los pocos medios tradicionales que reportan su situación. Mostrar nuestro interés dándole visibilidad con nuestro rating y nuestro seguimiento en las redes sociales. Exigir a nuestros gobiernos una actitud más proactiva. Exigirles que presionen a los organismos internacionales, que son sostenidos por nuestros gobiernos, es decir, con nuestros impuestos, que tomen todas las medidas necesarias para paliar al menos esta situación.

Y, aunque parezca poco, hablar del tema. En nuestro medio. En la medida de nuestras posibilidades. ¡Que no muera Venezuela porque nos quedamos callados! Además, por supuesto, orar por ese querido país.

@mazapereda

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