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De la oscuridad a la luz

De la oscuridad a la luz

PASOS PARA EL PERDÓN Y LA RECONCILIACIÓN | Por Leonel Narvaéz Gómez, imc | Fundación para la reconciliación |

 Primer paso hacia el perdón: de la oscuridad a la luz

Mataron a mi Padre  hace 10 años y todavía siento la rabia como si tuviera  un tapón por dentro ya para  explotar… (Una víctima)

Muchas personas tienen tanta sabiduría interior que logran llegar al perdón por si mismas. Sin embargo, por ser un ejercicio complejo y difícil, normalmente las víctimas de una ofensa necesitan que alguien les  ayude a entender los beneficios del perdón y les muestre un camino para llegar allá.

El ejercicio de las Escuelas de Perdón y Reconciliación –ES.PE.RE-  tal como lo venimos experimentando exitosamente desde hace 15 años en la Fundación para la Reconciliación (www.fundacionparalareconciliacion.org) propone 11 pasos que se caminan con la guía de un animador entrenado para tal fin.  Cada paso requiere una sesión semanal de 3 a 4 horas y se lleva a cabo  en grupos de 18-21 personas divididos en grupitos de 3 individuos.  Un compromiso de confidencialidad provee ambiente seguro para que los participantes puedan contar su historia e ir poco a poco re-significando la ofensa y facilitando un giro narrativo que –para el caso del perdón- va de la urgencia de venganza hasta la bondad y la compasión. Para la reconciliación, en cambio, el giro narrativo consiste en pasar de la des-confianza a la confianza en el ofensor.

En los pequeños grupos se experimenta el poder de las neuronas espejo, es decir, aquella energía multiplicada entre personas que comparten su dolor y se escuchan solidariamente.

En el primer paso los participantes descubren que la ofensa ha generado caos interior, oscuridad en la vida, y que el dolor silenciado ha sido una forma perversa de in-visibilizarlos como victimas. La mayoría de las víctimas expresan el dolor de la ofensa como una carga enorme que llevan encima de sus cuerpos que los encorva y que solo les permite –así encorvados- mirar hacia atrás. Las victimas quedan atadas al pasado y generan narrativas circulares o sea, la eterna repetición de lo mismo. La memoria queda coagulada y congelada y comienza a tener impactos negativos hasta en su salud física, su productividad en el trabajo, y se va perdiendo la alegría y el sereno discurrir de la vida. Al igual que en la dinámica de los fluidos, allí donde se estanca el libre discurrir de un torrente se crean represas que más temprano que tarde estallan y hacen daño.

La estrategia de las ES.PE.RE es ofrecer a los participantes, enmarcamientos u ordenamientos básicos que se conviertan en filosofía práctica para la vida cotidiana. Los participantes gradualmente recuperan tres pilares de la vida que se ven fracturados con las ofensas o sea, seguridad en sí mismos, significado de vida y socialización.  Es lo que popularmente ha venido a llamarse la fractura de Tres S. Nombrar las emociones, reconocerlas en el intercambio grupal y elaborar un discurso sobre ellas, es una forma de atraparlas en el significado y comenzar a superar el dolor. Los pequeños grupos se convierten en el terreno sagrado –o islas de creatividad- en donde las víctimas encuentran el escenario ideal no solo para hacer catarsis –contar su historia- sino también para recuperarse políticamente y posicionar-visibilizar su dolor en lo público.

Darle voz y concreción a este sufrimiento no es solamente un acto profundamente existencial de las victimas sino que es también condición primera de toda verdad y por lo mismo, de todo ejercicio político y democrático.

Estos momentos semanales terminan con un rito de compromiso. En este primer paso se utiliza el rito de una vela que cada uno enciende para significar que va a superar la oscuridad de la rabia-rencor y caminará a la luz de un nuevo día.

 

 

 

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