Por P. Fernando Pascual

El deseo de arreglar el clima puede parecer sorprendente, pero ha recibido numerosos apoyos y ha llegado a convertirse en inspiración para importantes reuniones nacionales e internacionales.

¿De dónde surge tal deseo? Desde varios presupuestos que conviene tener presentes. Primero, desde la aceptación de que existe un clima deseable que vale la pena conservar o promover.

Tal idea puede presentar diversos problemas, pero se basa en una percepción generalizada según la cual el clima que conocemos (al menos en algún periodo cercano al nuestro) favorecería una aceptable calidad de vida sobre la tierra.

Un segundo presupuesto surge cuando consideramos que los cambios climáticos de las últimas décadas habrían sido ocasionados, en buena parte, por culpa de actividades humanas.

Ese presupuesto, desde luego, está unido al primero, en cuanto que se considera que los cambios climáticos de origen humano serían dañinos para el planeta.

El tercer presupuesto depende de los dos anteriores: si el ser humano reduce drásticamente actividades dañinas para el planeta, y promueve aquellas que podrían conservar (o recuperar) un clima considerado como bueno, entonces el planeta recibiría una importante ayuda para su autoconservación.

Puede ponerse en tela de juicio la validez de cada uno de los presupuestos aquí presentados. Algunos piensan que el hombre no sería un responsable importante de los cambios en el clima, o que los cambios climáticos no serían tan funestos como se dice, o que lo que intentemos hacer para arreglar el clima sería inútil.

Una reflexión seria sobre este argumento implica poner en marcha estudios que permitan identificar cuál sea el papel real del hombre en los cambios climáticos, en qué sentido tales cambios serían negativos, y cómo revertirlos.

Esa reflexión exige un trabajo ingente de la comunidad científica, llamada a comprender las causas y efectos de los cambios en el clima, así como lo que pudiéramos hacer (de modo realista y eficaz), como especie humana, para conservar o promover climas “sanos” y beneficiosos para todos los que convivimos en nuestro planeta tierra.

 
Imagen de Goran Horvat en Pixabay


 

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