Por Miriam Apolinar
En México, las cárceles están más llenas que nunca y las cifras lo confirman. El país cuenta con 325 centros penitenciarios: 14 federales, 261 estatales y 50 especializados en tratamiento o internamiento para adolescentes, de acuerdo con el Censo Nacional de Sistema Penitenciario Federal y Estatales 2025.
Según el Cuaderno Mensual de Información Estadística Penitenciaria Nacional, publicado en junio de 2025, estos centros albergan a 248 mil 361 personas privadas de la libertad. La gran mayoría son hombres —233 mil 348, equivalentes al 93.96%—, mientras que las mujeres suman 15 mil 013 casos, apenas el 6.04% del total. El sistema opera con una sobrepoblación de 23 mil 855 internos, reflejo de la creciente presión sobre las instituciones de reclusión.
Hacinamiento
La crisis no se mide solo en la cantidad de presos, sino en la saturación extrema de algunos centros. Al cierre de 2024, los centros estatales del Estado de México y Nayarit registraron las tasas de ocupación más altas, con un promedio de 238.8 personas por cada 100 espacios disponibles. En contraste, Colima y Campeche reportaron ocupaciones del 39.2% y 55.0%, respectivamente, de acuerdo con el INEGI.
Sentencias pendientes y prisión preventiva
Más del 36% de la población penitenciaria carece de sentencia definitiva: más de 85 mil internos espera resolución judicial, de los cuales el 47% estaba bajo prisión preventiva oficiosa y casi el 13% sin clasificación jurídica clara.
El Censo Nacional del Sistema Penitenciario 2025 detalla que, durante 2024, el 63.7% de las personas privadas de la libertad contaba con sentencia y el 36.3% no. En los centros federales, el 26.7% de los internos no había sido sentenciado; en los estatales, la cifra subía a 37.3%. La situación es más grave para las mujeres: el 46.3% de ellas estaba sin sentencia, frente al 35.7% de los hombres. Además, una cuarta parte de las mujeres (25.6%) y más de una quinta parte de los hombres (22.3%) llevaban más de un año esperando sentencia.
Perfil de delitos y población penitenciaria
Durante 2024, en los centros estatales y especializados se reportaron 166 mil 567 delitos que motivaron el ingreso de personas: el 8.6% corresponde a mujeres y el 91.4% a hombres. El robo fue el delito más frecuente, cometido por el 25.6% de las mujeres y el 27.2% de los hombres. Le siguieron los delitos contra la salud en la modalidad de narcomenudeo: 24.4% en mujeres y 20.5% en hombres.
En cifras absolutas, el Estado de México y la Ciudad de México concentran el mayor número de internos, con 35 mil 771 y 25 mil 584 personas, respectivamente. A nivel nacional, la tasa de encarcelamiento es de 179 personas por cada 100 mil habitantes. Entre los hombres, la tasa asciende a 314.9; entre las mujeres, es de 48.8. Por entidad, Sonora y Baja California registran las tasas más altas: 381 y 319.2, respectivamente.
Deficiencias estructurales
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos, a través de su Diagnóstico Nacional de Supervisión Penitenciaria, documenta fallas recurrentes: el 54% de los centros carece de condiciones mínimas para la reinserción; el 80.9% no separa procesados de sentenciados; el 77.1% presenta deficiencias materiales e higiénicas; el 54.2% no brinda atención adecuada en salud y alimentación; y el 52.7% opera bajo autogobiernos. A esto se suman la escasez de programas educativos, laborales y culturales, la falta de personal médico, el contrabando, los privilegios indebidos y las violaciones sistemáticas a los derechos humanos. En muchas prisiones estatales, el control formal de las autoridades se ve sustituido por el dominio de grupos internos.
Maternidad y cuidados infantiles
Al cierre de 2024, según el Censo Nacional del Sistema Penitenciario 2025, a nivel nacional había 104 mujeres embarazadas, 160 en periodo de lactancia y 4 que se encontraban simultáneamente embarazadas y lactando. De estas mujeres, 265 eran adultas y 3 adolescentes. En comparación con 2023, el número de mujeres embarazadas y/o en periodo de lactancia registró una reducción del 5% durante 2024.
Durante el mismo periodo, 311 menores de 6 años permanecían en los centros penitenciarios y especializados acompañando a sus madres privadas de libertad. De ellos, 155 eran niñas y 156, niños. En cuanto a la distribución por edad, el 42.1% tenía menos de un año. Frente a 2023, la cantidad de menores que vivían con sus madres disminuyó 10.4% en 2024.
Estos datos evidencian la presencia de familias dentro del sistema penitenciario y resaltan la necesidad de programas específicos de atención para mujeres gestantes, lactantes y sus hijos.
Más allá de las cifras
Cada cifra oficial esconde un rostro, una vida, una historia que rara vez llega a contarse. Detrás de los números hay familias rotas, personas marcadas por la violencia, errores que intentan redimirse y esperanzas que, aunque golpeadas, se niegan a morir entre muros y barrotes. La sobrepoblación carcelaria no es solo un problema de espacio físico: es un detonante de tensiones constantes, brotes de violencia y una merma crítica en el acceso a servicios básicos como salud, alimentación o atención jurídica. Hoy, el sistema penal encierra más personas que nunca, pero no necesariamente a quienes generan la violencia. Administra cuerpos, no justicia. Amontona seres humanos para luego olvidarlos, y una parte significativa de ellos ni siquiera es culpable. Son, en su mayoría, jóvenes con baja escolaridad, sin recursos y sin una defensa adecuada, atrapados en una maquinaria que castiga la pobreza, pero que deja intactas las estructuras del crimen, tanto dentro de las prisiones como en complicidad con el poder político.
En medio de este panorama sombrío, surgen manos que sostienen y miradas que escuchan. Organizaciones civiles, colectivos de derechos humanos y grupos religiosos se convierten en un rayo de luz dentro del encierro. Entre ellas, la Pastoral Penitenciaria de la Iglesia Católica que ingresa a estos espacios para algo más que llevar consuelo espiritual: escucha, acompaña y abre rutas hacia la reintegración. Su misión no es solo predicar, sino tender puentes para que, incluso en la oscuridad, haya quienes encuentren una segunda oportunidad.
La labor de la Iglesia en las cárceles
Con 19 años de servicio en la Pastoral Penitenciaria, la Lic. Alma Rosa González Hernández Juárez, coordinadora de esta labor en la Arquidiócesis Primada de México y en la provincia eclesiástica que abarca todos los centros penitenciarios de la capital, advierte que el sistema penitenciario vive un momento crítico marcado por la reincidencia, la sobrepoblación y la falta de oportunidades reales para la reinserción social.
Actualmente, la provincia de México atiende 19 centros penitenciarios, de los cuales 13 son para adultos, 6 para adolescentes y uno es la Institución Abierta Casa Medio Camino, donde personas con libertad anticipada cumplen reclusiones parciales bajo supervisión judicial.
“La Ciudad de México es un súper reto”, afirma González Hernández, quien también es especialista en la ejecución de las sentencias penales y justicia restaurativa. “No basta con el esfuerzo de la Iglesia; somos muchas agrupaciones las que ingresamos tratando de poner un granito de arena para que haya una conversión real, pero los recursos humanos del sistema son insuficientes y la drogadicción sigue siendo un problema latente; incluso es más fácil conseguir droga adentro que afuera”.
Según la coordinadora, la reforma de 2016 en la Ley Nacional de Ejecución Penal y el Código Nacional de Procedimientos Penales redujo drásticamente la población penitenciaria, llegando a disminuir de 13 mil a 5 mil internos en algunos centros. Sin embargo, tras la pandemia, los delitos y las reincidencias aumentaron, especialmente en robos, provocando nuevamente sobrepoblación.
A ello se suma un obstáculo burocrático que perpetúa el círculo del delito: las personas liberadas no pueden obtener su credencial del INE hasta cumplir la totalidad de su condena, lo que dificulta conseguir empleo formal. “Sin identificación oficial, muchas veces no queda otra opción que el autoempleo o volver a la misma dinámica delictiva”, explica la religiosa.
Por otro lado, Alma Rosa subraya que la falta de oportunidades, la pobreza y la violencia en el entorno familiar son determinantes. “En los centros para adolescentes, la mayoría de los chicos proviene de ambientes delictivos donde tener a los padres en reclusorio no es algo extraño. El ambiente determina al individuo, y muchos ven el robo como un trabajo más”, lamenta.
La labor de la Pastoral Penitenciaria
La Pastoral Penitenciaria de la Arquidiócesis de México cuenta con unos 40 a 50 agentes de pastoral para centros de adolescentes, y alrededor de 250 en toda la provincia. Sus actividades incluyen talleres de evangelización, retiros, rosarios, horas santas y acompañamiento espiritual.
El voluntariado está abierto a cualquier laico comprometido que tome un curso de inducción sobre evangelización en contextos penitenciarios. “Por ese uno, por esas dos o tres personas que logran una conversión real, continuamos. Nos inspira ver historias de transformación y reencontrarnos con ellos años después, ya integrados a la sociedad y a sus familias”.
Nuevos espacios para la esperanza
Recientemente, la Arquidiócesis Primada y el Centro Especializado para Mujeres Adolescentes (CEMA) inauguraron la capilla Nuestra Señora de la Merced, un espacio de oración y reflexión para las jóvenes privadas de libertad y sus familias. En la inauguración, el obispo auxiliar Francisco Javier Acero Pérez la definió como “un lugar de amor, paz y esperanza para todas las personas, sin importar su fe”.
En el CEMA actualmente hay 16 jóvenes internas. La capilla, atendida por el presbítero mercedario Fray Juan Manuel Hernández Rodríguez, alberga un Cristo de más de 100 años recuperado de antiguos centros para adolescentes. Para Alma Rosa, este tipo de iniciativas son clave: “Si queremos cortar la reincidencia, necesitamos más conciencia social. No podemos invisibilizar a estas personas; hay que darles la mano para que ellas y sus familias tengan una oportunidad real de rehacer su vida”. A pesar de la cruda realidad de sobrepoblación, violencia y carencias dentro de los centros penitenciarios, la labor de la Pastoral Penitenciaria muestra que la transformación es posible, aunque lenta y silenciosa. Alma Rosa González Hernández Juárez recuerda que, tras casi dos décadas de acompañamiento, las historias de cambio son el motor que mantiene viva su misión: “A veces piensas que vas a dar más, pero en realidad recibes más de ellos. Grandes transformaciones ocurren, y cuando te los encuentras años después, integrados a la sociedad, a sus familias, ves que todo esfuerzo tiene sentido”.
El panorama es melancólico: la sociedad, la pobreza y la falta de oportunidades siguen marcando a quienes transitan por el sistema penitenciario. Sin embargo, la mirada de quienes acompañan, como Alma Rosa, muestra que siempre hay una salida. Que los muros no son un final, sino un punto donde, con esfuerzo y humanidad, comienza la posibilidad de rehacer la vida. Porque incluso entre sombras, una mano tendida, un oído atento y un espacio de oración pueden transformar corazones y permitir que florezca la esperanza de salir adelante.
El sistema penitenciario
en un período de un año, de junio 2024 a junio 2025, la población penitenciaria del país aumentó 7%, y a la sobrepoblación se suman el retraso en la resolución judicial, la reincidencia y la falta de condiciones para la reinserción.
Población total
248 mil 361 presos en 275 centros penitenciarios hasta junio del 2025, lo que representa un 7% más con respecto a junio del 2024 (231 mil 952 presos).
Población por sexo
93.96% Son hombres (233 mil 348)
6.04% Son mujeres (15 mil 013)
Sobrepoblación
23 mil 855 presos
De estos, la mayor sobrepoblación se concentra en el Estado de México y Nayarit.
Delitos más comunes
- Robo
- Delitos relacionados con armas, explosivos y otros materiales destructivos, y delitos contra la salud, como el narcomenudeo.
Deficiencias
54% De los centros penitenciarios carece de condiciones mínimas para la reinserción.
80.9% No separa procesados de sentenciados.
77.1% Presenta deficiencias materiales e higiénicas.
54.2% No brinda atención adecuada en salud y alimentación.
52.7% Opera bajo autogobiernos.
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 24 de agosto de 2025 No. 1572