El Papa León XIII estaba en el Vaticano, en Misa en su capillita, cuando hacia el final levantó de repente la cabeza mirando fijamente por encima del tabernáculo, con el rostro pálido y tenso, y permanecer en éxtasis por unos diez minutos. Más tarde se supo lo que había ocurrido: el  Papa había visto una nube de demonios lanzarse sobre Roma para dañar a la Iglesia; y también escuchó dos voces, una áspera, de Satanás, y la otra suave, de Jesucristo, que parecían venir de cerca del tabernáculo. «Yo puedo destruir tu Iglesia», se jactó el demonio con orgullo. Jesús le respondió: «¿Tu puedes? Entonces sigue adelante y hazlo». Pero entonces el demonio protestó: «Para ello necesito más tiempo y más poder». La suave voz divina le preguntó: «¿Cuánto tiempo? ¿Cuánto poder?». Satanás contestó: «75 años a 100, y un mayor poder sobre aquellos que se entregan a mi servicio». El  Señor le concedió: «Tú tienes el tiempo, tú tendrás el poder. Haz con ellos lo que quieras».

 

Por Diana R. García B.

 

Puede resultar incómodo el sólo hecho de pensar en Dios dando tanta libertad al demonio y, más aún, prácticamente alentándolo a hacer lo suyo, tal como habría escuchado León XIII respecto de los planes infernales para lograr la destrucción de la Iglesia. Para colmo, resulta que Jesucristo hasta le hace concesiones a Satanás: «Tú tienes el tiempo, tú tendrás el poder».

Pero lo cierto es que la Biblia prueba que Dios es libre de adoptar estos comportamientos que humanamente parecen absurdos. Se lee en el libro de Job esta conversación entre Dios y Satanás:

«El Señor le dijo: ‘¿De dónde vienes?’. El Adversario respondió al Señor: ‘De rondar por la Tierra…’. Entonces el Señor le dijo: ‘¿Te has fijado en mi servidor Job? No hay nadie como él sobre la Tierra: es un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y alejado del mal’.  Pero el Adversario le respondió: ‘¡No por nada teme Job al Señor! ¿Acaso Tú no has puesto un cerco protector alrededor de él, de su casa y de todo lo que posee? Tú has bendecido la obra de sus manos y su hacienda se ha esparcido por todo el país.  Pero extiende tu mano y tócalo en lo que posee: ¡seguro que te maldecirá en la cara!’. El Señor dijo al Adversario: ‘Está bien. Todo lo que le pertenece está en tu poder, pero no pongas tu mano sobre él’» (Job 1, 7-12).

 

DIOS CUIDA DE LOS SUYOS

Cuando Dios da «manga ancha» al demonio no significa que abandone a su suerte a los hombres; por el contrario, como afirma la Sagrada Escritura, «Dios es fiel, y Él no permitirá que sean tentados más allá de sus fuerzas. Al contrario, en el momento de la tentación les dará el medio de librarse de ella, y los ayudará a soportarla» (I Co 10, 13).

 

¿es una VISIÓN OFICIAL?

Es verdad que no existe ningún documento oficial de la Santa Sede que recoja la visión de León XIII, pero está el testimonio de la gente cercana a él, que difundió aquello que el Papa explicó más tarde entre sus colaboradores, los cuales lo fueron transmitiendo de boca en boca; entre ellos, el secretario personal de León XIII, monseñor Rinaldo Angeh, y el presbítero Domenico Pechenino, que estaba presente en la capillita en el momento de  la visión.

Lo que sí se volvió oficial fue la oración a san Miguel que León XIII compuso inmediatamente tras salir de aquella Misa, y cuyo rezo de rodillas al final de cada Eucaristía se convirtió en obligatorio  para toda la Iglesia universal  a partir de 1886, precisamente para contrarrestar la influencia demoniaca sobre los hijos de la Iglesia.

SE HIZO REALIDAD

El caso es que la visión de León XIII se hizo realidad, no en el sentido de que Satanás haya destruido a la Iglesia, lo cual es sencillamente imposible, pues Jesús prometió: «Los poderes del Hades [del Infierno, de la Muerte] no la podrán vencer» (Mt 16, 18); pero sí en cuanto que, como nunca, los demonios se han ensañado contra ella, y en especial  han tratado de ganarse a los consagrados con toda suerte de trampas, porque cuando un obispo, un presbítero, un religioso o religiosa, o incluso un laico comprometido provocan escándalo y caen, con ellos arrastran a un gran número de bautizados.

La mayor trampa que ha logrado filtrarse en el interior de la Iglesia como un nuevo Caballo de Troya es el modernismo.

Denuncia fray Dwight Longenecker, un ex anglicano convertido al catolicismo, que la cultura modernista —con su visión material, su dilución de lo sobrenatural y hasta con la «desmitificación» (reinterpretación «científica») del Evangelio— está causando mucho daño entre cierto número de sacerdotes, lo cual suele percibirse en su pensamiento ligero y blando, carente de sustancia; para ellos los  evangelios son apenas hermosas  historias que inspiran a la gente a ser más amable con los demás, por eso no tienen nada trascendente que decir en sus homilías.  Y que los pobres fieles han tenido que tragarse todo esto durante dos o tres generaciones. «Ésta es la razón por la que la evangelización de los católicos de banco de iglesia sea probablemente la tarea más difícil de todas».

 

¿Por qué?

¿Por qué Dios permite  que ocurran cosas semejantes? Ya se dijo que Él concede las fuerzas necesarias para vencer la tentación y todas las pruebas; ¿pero acaso no sería mejor que ya le pusiera al error un alto? ¿Es que alguien puede sacar algo bueno de esto?

Sí, se puede y se sacará algo bueno; ya lo dijo san Agustín: «Dios no hubiera permitido la existencia del mal si no fuera tan sabio, tan bueno y tan poderoso que pudiera sacar bienes aun de los mismos males». Monseñor Ottavio Michellini (1977) le pregunto a Jesús: «¿No podrías Tú, que eres el Hijo del Dios Viviente, neutralizar toda la nefasta actividad de los demonios relegándolos al Infierno, su lugar natural de pena?». El Señor le respondió: «Una vez más Satanás verá lo que pueden el Amor y la Justicia divina; una Iglesia como nunca fue, resplandeciente, hecha espectáculo al Cielo y a la Tierra, y él, el enemigo irreductible, deberá admitir, de mala gana, el haber tenido parte importante en la total renovación de mi Iglesia, en los momentos en los que, con su perversa actividad, confiaba en destruirla».