Por Justo López Melús |

La filosofía popular suele ofrecer expresiones que animan al aguante y la esperanza. Por ejemplo: «No hay mal que cien años dure», «Dios aprieta, pero no ahoga», «No hay mal que por bien no venga» (aunque esto un gracioso lo cambiaba por: «Ya decía el refrán: ‘No hay mal que venga bien’»). Mi madre se rompió una vez un brazo. La gente le decía: «¡Qué suerte! Si hubiera sido una pierna…». También san Pablo nos consuela: «No habéis sufrido tentación superior a la medida humana. Y fiel es Dios que no permitirá seáis tentados sobre vuestras fuerzas: pues, con la tentación, os dará modo de poderla resistir con éxito» (1 Cor 10, 13).

Un rey convocó a todos los magos de su reino. Quería ser un ejemplo para todos sus súbditos y mostrarse sereno e impasible ante los sucesos tristes y alegres. Y les pidió un amuleto para conseguirlo. Todos se rindieron. Ése amuleto era muy difícil. Pero un viejo sabio le prometió: «Mañana te traeré un anillo con una frase grabada en él. Léela pase lo que pase y te calmarás». Al día siguiente volvió y entregó el anillo al rey. El rey lo miró y leyó la frase mágica: «También esto pasará».