Del 24 al 30 de este mes de agosto se está celebrando en la ciudad italiana de Rímini la 35ª edición del tradicional Mitin por la Amistad entre los Pueblos, en esta ocasión sobre el tema “Hacia las periferias del mundo y de la existencia. El destino no ha dejado solo al hombre”.

El tema propuesto este año se inspira en las repetidas invitaciones que el Papa Francisco dirige a todos los cristianos de salir al encuentro del hombre por doquier y en todos los contextos, para encontrar perspectivas positivas a sus inquietudes y ante las graves crisis que padece el mundo de hoy: desde el drama de las comunidades cristianas perseguidas en diversos países; pasando por la falta de seguridad en el ámbito de la economía globalizada que se ce amenazada por el espectro de nuevas especulaciones financieras; sin olvidarse de la migración de enteros pueblos en fuga a causa de las guerras, las represiones o la pobreza así como ante la incertidumbre laboral de millones de jóvenes y menos jóvenes.

En la jornada de este 25 de agosto intervino el Arzobispo Silvano Maria Tomasi, Observador permanente de la Santa Sede ante la Oficina de la ONU en Ginebra, para referirse al tema de la inmigración. Al respecto, el prelado recordó la figura del Nuncio Apostólico Pietro Sambi, fallecido en el año 2011, y, sobre todo, hizo un sentido llamamiento a la comunidad internacional, para que se detenga la violencia que los yihaidistas ejercen en Irak y en otras áreas, donde las minorías religiosas son perseguidas o eliminadas.

En cuanto a la acción de la Iglesia católica en esta región, Monseñor Silvano Maria Tomasi expresó que “en este contexto de violencia y de tragedia, el deber de la Iglesia es difícil pero continuo. El testimonio del Santo Padre es claro: seguir haciendo llamamientos a la comunidad internacional y a todos nosotros, los creyentes, a seguir rezando para encontrar el camino de la paz; invitando a la negociación e invitando a los países que tienen la capacidad, a través de los mecanismos de las Naciones Unidas, a detener al agresor”.

Además, los obispos locales, los Patriarcas, tanto ortodoxos como católicos de diversos ritos – de rito sirio, caldeo o melquita – se han reunido hace algunos días y han formulado claramente algunas pistas importantes de acción.
Primero, pedir la ayuda de la comunidad internacional para detener la violencia y la matanza, no sólo de cristianos, sino también de los yazidis y otros grupos. Pensemos que se decapitan a los cristianos y que en las fotos se ve que las cabezas son puestas en garfios como decoración de muros o verjas: ¡son cosas inauditas, verdaderamente inaceptables!

Segundo, pedir que haya una presencia internacional que garantice el regreso de los cristianos a sus aldeas y casas. No es justo que, por parte de la comunidad internacional se acepte que, automáticamente, los cristianos sean condenados al exilio. Tienen derecho a vivir en su casa, donde desde hace 1.700 años están presentes, antes de la llegada del islam, y que puedan continuar allí, no sólo porque es su derecho natural, sino también porque son una presencia que es beneficiosa para la comunidad islámica, que ayuda a diversificar el contexto social, que lentamente puede favorecer una democracia que respete la identidad de cada persona y de cada grupo.

Teniendo en cuenta que también llegan noticias inquietantes de Nigeria, porque el grupo Boko Haram, que en estos últimos años ha realizado tantos atentados, incluso contra algunas iglesias, ha proclamado el califato islámico en la ciudad de Gwoza, el Arzobispo Tomasi afirmó:

Es preocupante la violencia que ejerce Boko Haram. El hecho de que como medio de conquista de poder se utilice la violencia sistemáticamente contra civiles inocentes, en particular contra los cristianos, plantea una pregunta a la comunidad internacional acerca de cómo reaccionar.

Nigeria está haciendo lo más que puede para encontrar una solución ante esta secta fundamentalista que persigue el poder cubriéndolo con un vocabulario religioso, pero que en realidad es el dominio y el control del territorio, y que está en la raíz de este movimiento.

Por tanto, por parte de la comunidad internacional es necesario condenar y poner en claro que los métodos usados por estas personas son completamente inaceptables y sostener mediante las maneras que la comunidad internacional crea útiles, al gobierno nigeriano para que complete su trabajo de rechazo de este grupo.