Por Juan Gaitán |

Recientemente un amigo me preguntó: «¿Por qué la Iglesia tiene una respuesta para todo? ¿Por qué pretende tener la verdad ante cada aspecto de la vida? ¿No es eso, acaso, arrogancia y soberbia?»

El cristianismo es un estilo de vida

El cristianismo es un estilo de vida bien particular, cuyo modelo se encuentra en Jesucristo, en su vida, pasión, muerte y resurrección. Deseando actuar según este modelo, la Iglesia se fue enfrentando a diversas interrogantes, algunas muy sencillas, algunas más complejas.

Sirvan como ejemplo estas dos preguntas: ¿debían todos los cristianos vestir de un modo especial? ¿era lícito adorar en público a los dioses romanos, mientras interiormente se siguiera creyendo en Cristo, para así no ser perseguido?

Entonces, el modo de proceder fue el siguiente: Discernir en oración, inspirados por el Espíritu de Dios, si las soluciones a las preguntas iban a no de acuerdo al mensaje de Cristo. Así es como la Teología (el desarrollo teórico de la fe) se fue enfrentando a nuevas situaciones a través de la historia y, de este modo, fue acumulando enseñanzas propias de cada época.

Siguiendo esta lógica, se puede notar que la Iglesia se ha visto en la necesidad (y obligación) de opinar acerca de temas que van más allá de lo estrictamente religioso, siendo consciente de su vocación dentro del mundo, sin ser del mundo, y manteniendo fidelidad a Dios, aunque ésta no siempre se haya logrado.

Acerca de La Verdad

Ahora bien, esta manera de proceder da como resultado una serie de opiniones que orientan al cristiano –y pretenden resonar en el mundo– en su modo de vivir, para alcanzar la bienaventuranza, la vida plena.

Por lo tanto, la Iglesia, más que «respuestas», tiene opiniones que van madurando conforme madura el mismo cristianismo; pero no puede pasar por alto cuestiones que afectan directamente la vida de los hombres: Derechos Humanos, familia, distribución de riquezas, libertad religiosa, educación, política, medicina, y un muy largo etcétera.

Sin embargo, cuando el buen teólogo se propone entrar en contacto con La Verdad, nunca pierde de vista dos detalles: que el cristiano no puede poseer La Verdad, sino que es poseído por Ella (no busca encontrar La Verdad, sino dejarse encontrar por Ella); y que La Verdad jamás podrá ser abarcada.

Con esta humildad es que se ha de afrontar el cometido del desarrollo teórico acerca de Dios que se revela, de la creación y del mismo ser humano. No se trata, entonces, de tener la verdad acerca de todo, como comentaba mi amigo, sino de desear vivir lo más apegado al amor.

Apuntar hacia el ideal

Cuando platico algunas de esas opiniones que da la Iglesia respecto a diversos temas, suelo recibir el comentario: ¡ojalá que así fuera! Por ejemplo, los padres y padrinos pueden confesar la fe del bebé que recibe el Bautismo porque aseguran ellos que el niño crecerá en un ambiente de amor a Dios. O, la Iglesia es una sola comunidad, donde ricos y pobres comparten el mismo pan.

Estas afirmaciones teóricas, por estar inspiradas por la fe, apuntan hacia un ideal. Y ésa es la vocación cristiana, ¿o no es así? Apuntar hacia el Reino de Dios, hacia la plenitud humana en el amor, que es la vez realidad y camino.

Advertencia

Por último, es útil comentar la necesidad de ser prudentes en el modo como asumimos estas opiniones o respuestas que da la Iglesia. No porque escuchar algo de un sacerdote o por leer un texto en un sitio de internet católico, quiere decir que ésa sea la respuesta más adecuada a ciertos temas o que sean el mejor modo de decir las cosas; pues la Iglesia también es unidad en medio de la diversidad, en la que cabe gran variedad pensamientos.

 

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