El Consejo permanente de la Conferencia del Episcopado Mexicano ha hecho público un mensaje luego de las elecciones federales del pasado 7 de junio. Los obispos, representantes de las 18 provincias eclesiásticas de México, elogiaron la participación de los votantes: “Así demostramos que somos muchos los que deseamos participar en la construcción de un México mejor, sin dejarnos seducir o amedrentar por la indiferencia, el desorden o la violencia”.

Los pastores subrayan  que,  ante las distintas propuestas, aún la de no votar o anular el voto, se pudo ejercer el derecho al voto con libertad, salvo algunas excepciones. “Los resultados de este ejercicio democrático, que ha incluido por vez primera a candidatos independientes, permiten ver que nuestro país se va consolidando como una sociedad plural, en la que es posible encontrar soluciones a los problemas comunes a través del diálogo, el respeto y la participación”.

Luego se refieren a las “campañas negras” que,  “lejos de construir, provocan heridas que tardan en sanar. En la búsqueda del triunfo electoral no todo se vale; el fin no justifica los medios”. Y señalan que los triunfos y las derrotas de los contendientes son reflejo de la sensibilidad social, que es importante atender y respetar.

Luego cuestión: “¿Qué sigue ahora? Que los conflictos se resuelvan por las vías institucionales. Que quienes han resultado ganadores cumplan sus compromisos de campaña y estén atentos a escuchar y servir a la sociedad, especialmente a los más necesitados. Y que los ciudadanos seamos protagonistas, colaborando, vigilando y exigiendo a las autoridades legítimamente elegidas que cumplan con su trabajo en beneficio de todos y no de unos cuantos”.

Luego, con optimismo, tal vez desbordado, señalan la alegría de que “la sociedad haya privilegiado la vía democrática como camino para la construcción de un México más justo, reconciliado y en paz, en el que sea posible para todos un auténtico progreso. Sigamos participando, fortaleciendo a la familia, a las instituciones educativas, laborales, culturales y sociales, promoviendo el respeto a la vida, dignidad, derechos y deberes de todas las personas”.

También son enfáticos al señalar que “México necesita soluciones verdaderas y sustentables para superar sus grandes problemas, como la inequidad, la injusticia, la pobreza, la falta de oportunidades de educación y de trabajo, la corrupción, la impunidad, la inseguridad y la violencia. Sólo así el pueblo podrá recuperar la confianza en sus instituciones”.