Por Sergio GUZMÁN |

NdeR: Continuamos con la seleción de películas que el padre Sergio Guzmán nos propone para profundizar, desde la espiritualidad del cine, en la riqueza del Año de la Misericordia. 

Madre Teresa de Kevin Connor (E.U., 1997, 92 min.)

“La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo. La Iglesia ‘vive un deseo inagotable de brindar misericordia’. Tal vez por mucho tiempo nos hemos olvidado de indicar y de andar por la vía de la misericordia” (no. 10), nos dice el Papa Francisco en la Bula para convocar al Jubileo Extraordinario de la Misericordia. Con la atinada y convicente interpretación de Geraldine Chaplin como Madre Teresa, esta película nos introduce en el corazón y el camino de una incansable religiosa que salió de su convento para buscar, atender y servir a los pobres, enfermos, huérfanos y moribundos en Calcuta y luego en todo el mundo. Madre Teresa nos introduce por los barrios pobres de Calcuta y nos muestra un testimonio creíble de una mujer que vive el amor y la misericordia.

 

Pena de muerte de Tim Robbins (E.U., 1995, 122 min.)

“El perdón de Dios por nuestros pecados no conoce límites. En la muerte y resurrección de Jesucristo, Dios hace evidente este amor que es capaz incluso de destruir el pecado de los hombres. Dejarse reconciliar con Dios es posible […]. Dios está siempre disponible al perdón y nunca se cansa de ofrecerlo de manera siempre nueva e inesperada”, leemos en la Bula Misericordiae Vultus (no. 22). Basada en el libro autobiográfico de la religiosa Helen Prejean, esta película nos adentra en el Pabellón de la Muerte donde un criminal espera su ejección y una religiosa lo acompaña espiritualmente. El peso del pecado, la pena, el perdón y la  misericordia son temas que son llevados a la pantalla con fuerza, dramatismo y compasión gracias a un buen guión y la estupenda actuación de Susan Sarandon y Sean Penn.

 

Le Havre: El puerto de la Esperanza de Aki Kaurismäki (Finlandia, 2011, 93 min.)

Un hombre que trabaja como bolero en Le Havre (puerto francés que da nombre a esta película) despierta y va creando una red de solidaridad en torno a un chico africano que anda de paso por el puerto y busca llegar a Londres, donde se encuentra su madre. Ante una realidad tan dura como es la migración y la indiferencia, el director explora y comunica lo más noble del ser humano y termina creando una estupenda parábola de misericordia. Pueden resonar aquí las palabras del Santo Padre en Misericordiae Vultus: “¡Cómo deseo que los años por venir estén impregnados de misericordia, para poder ir al encuentro de cada persona, llevando la bondad y la ternura de Dios! A todos, creyentes y lejanos, pueda llegar el bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros” (no. 5).

 

Kolya de Jan Sverák (República Checa, 1996, 105 min.)

Louka es un músico que ha sido excluido de la orquesta de Praga por cuestiones políticas, se gana la vida tocando en funerales y reparando lápidas en el cementerio. El encuentro con Koyla, un simpático niño de 5 años, hijo de una joven rusa con quien Louka se casa a cambio de una buena suma de dinero, irá transformando y alegrando la vida de este músico venido a menos. “El amor, después de todo, nunca podrá ser una palabra abstracta. Por su misma naturaleza es vida concreta: intenciones, actitudes, comportamientos que se verifican en el vivir cotidiano” (no. 9), nos dice el Papa Francisco. Que el visionado de esta película –contada con gracia, ternura y algo de ironía- nos ayude a descubrir, a reconocer  tantos gestos de amor y misericordia en los protagonistas como en nuestra vida cotidiana.

 

Todos los caminos llevan a casa

Sang-Woo, un pequeño de 7 años, ha vivido toda su vida en la ciudad. Pero ahora deberá quedarse con su abuela, una mujer sordomuda que guarda bellos secretos en su corazón. Ganadora de varios premios internacionales, esta película es una parábola sobre el amor incondicional: como puede ser el amor de una abuela por su nieto, como es el amor de Dios por nosotros. “En este Jubileo dejémonos sorprender por Dios. Él nunca se cansa de destrabar la puerta de su corazón para repetir que nos ama y quiere compartir con nosotros su vida. La Iglesia siente la urgencia de anunciar la misericordia de Dios […] La Iglesia se haga voz de cada hombre y mujer y repita con confianza y descanso: ‘Acuérdate, Señor, de tu misericordia y de tu amor, que son etenos’ (Sal 25, 6)” (no. 25), son dice el Papa Francisco en el último número de su Bula El rostro de la misericordia.

 

 

 

Sergio Guzmán, S.J.