El amor es “el amor concreto”; la ternura es “la ternura concreta”: éste es el “documento de identidad del cristiano…, el único ‘documento’ válido para ser reconocidos como discípulos de Jesús”: son algunos de los subrayados que el Papa Francisco ha dirigido a los cerca de 70.000 chicos y chicas en la plaza San Pedro, reunidos para su Jubileo, que comenzó ayer. Más que una homilía, Francisco entabló un diálogo con la multitud de chicos y chicas, vestidos con prendas  e insignias multicolores, con armazones de anteojos a la última moda y llevando pancartas con su lugar de origen.  En esta homilía-diálogo hay muchas preguntas: “¿Queréis acoger esta invitación de Jesús a ser sus discípulos? ¿Queréis ser sus amigos fieles?… ¿Queréis vivir este amor que Él os entrega?… Yo quisiera preguntaros: ¿dais gracias al Señor cada día?”. Cada pregunta fue recibida con fuertes aplausos.

Además de las preguntas, la homilía estaba llena de propuestas: “El verdadero amigo de Jesús se distingue, esencialmente, por el amor concreto que resplandece en su vida. El amor que no es concreto es sólo una… telenovela”.

El pontífice explicó los diferentes aspectos de este “amor concreto”: “Ante todo, amar es bello, es el camino para ser felices. Pero no es fácil, es desafiante, supone esfuerzo. … En efecto, amar quiere decir dar, no sólo algo material, sino algo de uno mismo: el tiempo personal, la propia amistad, las capacidades personales”.

Se aprende a amar si “miramos al Señor”. Él “nos regala su amistad fiel… que no retirará jamás. Además, si tú lo decepcionas y te alejas de Él, Jesús sigue amándote y estando contigo, creyendo en ti más de lo que tú crees en ti mismo. Ésta es la concreción del amor que nos enseña a Jesús. Y esto es muy importante. Porque la amenaza principal, que impide crecer bien, es cuando no le importas a nadie, cuando te sientes marginado, es triste esto. En cambio, el Señor está siempre junto a ti y está contento de estar contigo”.

Con acentos muy delicados, Francisco habló del afecto y de las relaciones amorosas, además de abordar el tema de la virginidad: “Si vais a la escuela del Señor, os enseñará a hacer más hermosos también el afecto y la ternura. Os pondrá en el corazón una intención buena, esa de amar sin poseer: querer bien sin poseer; de querer a las personas sin desearlas como algo propio, sino dejándolas libres (… ) En efecto, siempre existe la tentación de contaminar el afecto con la pretensión instintiva de tomar, de “poseer” aquello que gusta. Y esto es egoísmo. Y también, la cultura consumista refuerza esta tendencia. Pero cualquier cosa, cuando se exprime demasiado, se desgasta, se estropea; después se queda uno decepcionado, con el vacío dentro. Si escucháis la voz del Señor, os revelará el secreto de la ternura: interesarse por otra persona, que quiere decir respetarla, protegerla, esperarla. Y esta es la concreción de la ternura y del amor”.

Luego, corrigió el énfasis –típico del consumismo- puesto sobre la libertad, en sus aspectos vinculados a la autonomía. “Muchos –dijo el pontífice- os dirán que ser libres significa hacer lo que se quiera. Pero en esto se necesita saber decir no. Si tú no sabes decir que no, no eres libre. El libre es aquel que sabe decir “si” y sabe decir “no”. La libertad no es poder hacer siempre lo que se quiere: esto nos vuelve cerrados, distantes y nos impide ser amigos abiertos y sinceros; no es verdad que cuando estoy bien todo vaya bien. La libertad, en cambio, es el don de poder elegir el bien: es libre quien elige el bien, quien busca aquello que agrada a Dios, incluso si es fatigoso. Pero sólo con decisiones valientes y fuertes se realizan los sueños más grandes, esos por los que vale la pena dar la vida. No os contentéis con la mediocridad, con “ir tirando”, estando cómodos y sentados; no confiéis en quien os distrae de la verdadera riqueza, que sois vosotros, cuando os digan que la vida es bonita sólo si se tienen muchas cosas; desconfiad de quien os quiera hacer creer que sois valiosos cuando os hacéis pasar por fuertes, como los héroes de las películas, o cuando lleváis prendas a la última moda. Vuestra felicidad no tiene precio y no se negocia; no es un “app” que se descarga en el teléfono móvil: ni siquiera la versión más reciente podrá ayudaros a ser libres y grandes en el amor.”.

Por último, puso de relieve el amor como “don y responsabilidad”: “una responsabilidad bella que dura toda la vida; ¡es el compromiso cotidiano de quien saber realizar grandes sueños!”. E, improvisando, agregó: “Ay del joven que no osa soñar. Si uno a vuestra edad no sueña, ¡es que ya se ha jubilado!”. “Y cuando amar parece algo arduo, cuando es difícil decir no a lo que es falso, mirad la cruz del Señor, abrazadla y no dejéis su mano, que os lleva hacia lo alto y os levanta cuando caéis.”. Francisco recuerda la orden que Jesús daba a los enfermos que Él curaba: “¡Levántate!”.

“Dios – agregó-  nos ha creado para estar en pie. Hay una canción muy bonita que cantan los alpinistas: “En el arte de subir, lo importante no es no caer, ¡sino no continuar caído! [sic!]. Jesús nos dice: ¡Alzaos! ¡Dios nos quiere en pie!”.

Dios nos ha creado para estar en pie. Hay una canción muy bonita que cantan los alpinistas cuando suben arriba. La canción dice así: “En el arte de subir, lo importante no es no caer, ¡sino no continuar caído! Tener el coraje de alzarse, de dejarse alzar de la mano de Jesús. Y esta mano muchas veces viene de la mano de un amigo, de la mano de los padres, de la mano de aquellos que nos acompañan en la vida. También Jesús mismo está ahí.

El Papa concluye con una comparación con los campeones del mundo del deporte: “Sé que sois capaces de gestos grandes de amistad y bondad. Estáis llamados a construir así el futuro: junto con los otros y por los otros, pero jamás contra alguien… Haréis cosas maravillosas si os preparáis bien ya desde ahora, viviendo plenamente vuestra edad, tan rica de dones, y no temiendo al cansancio. Haced como los campeones del mundo del deporte, que logran metas altas entrenándose con humildad y todos los días. Que vuestro programa cotidiano sea las obras de misericordia: entrenaos con entusiasmo en ellas para ser campeones de vida, ¡campeones de amor! Así seréis conocidos como discípulos de Jesús. Así tendréis la carta de identidad de los cristianos. Y os aseguro: vuestra alegría será plena”.

En los saludos finales, Francisco reiteró a los muchachos y muchachas  su pedido de “permanecer en pie”,  “soñar” y tener “el amor concreto” como “documento de identidad” del cristiano. Un signo de este amor concreto fue entregado al pontífice en la procesión del ofertorio: una colecta de ofrendas para la población de Ucrania, de acuerdo a una intención de Francisco que fue difundida a principios de mes.

Antes de la conclusión y del rezo del Regina Caeli, el Papa recordó la suerte de los obispos y de los sacerdotes católicos u ortodoxos raptados en Siria. “Siempre está viva en mí –dijo- la preocupación por los hermanos obispos, sacerdotes y religiosos, católicos y ortodoxos, secuestrados desde hace mucho tiempo en Siria. Que Dios Misericordioso toque los corazones de los secuestradores, y conceda lo antes posible a nuestros hermanos y hermanas, que sean liberados y puedan regresar a sus comunidades. Por esto los invito a todos a rezar, sin olvidar a las otras personas secuestradas en el mundo”.