Por Jorge TRASLOSHEROS |

Dos grandes acontecimientos marcan la agenda de los católicos mexicanos en los últimos días: la publicación de la Exhortación Apostólica del Papa “Amoris Laetitia” y, la 101 asamblea de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM).

Prometo en próximas entregas glosar tan magnífico documento. Por ahora, me parece muy importante reflexionar sobre la reunión de los obispos pues tuvo por objetivo realizar un balance de la visita del Papa Francisco. No fue un ejercicio académico, sino la reflexión de los pastores responsables del “pueblo de Dios que peregrina en México”.

La asamblea dio inicio bajo el signo del escándalo provocado por el semanario Desde la Fe, el cual tuvo dos consecuencias positivas: generó una sana expectativa en los medios sobre lo que pudieran decir los obispos en torno al viaje de Francisco y; dejó en claro que las editoriales del semanario no son, como nunca han sido, la voz de la Iglesia mexicana, sino tan sólo la opinión de sus editores, pues ya ni la del arzobispo según dicen. Espero que los medios seculares nunca más lo olviden.

La CEM es, pues, la única representación de los obispos mexicanos. Forman una comunidad viva que delibera, discute con intensidad, discierne y busca decidir, mediante la oración y la razón, los mejores caminos pastorales de cara a la realidad nacional. Por eso, en cada asamblea participan también laicos expertos para apoyar a los prelados en sus reflexiones. La CEM es la única voz autorizada del conjunto de los obispos mexicanos; pero de ninguna manera anula la iniciativa, ni la opinión personal de cada pastor. Debe ser, como hoy lo es, expresión de la unidad en la diversidad.

Durante la asamblea, los obispos confirmaron el proceso de transformación en el cual se encuentra la Iglesia mexicana y, al hacerlo, afirmaron sin dejar espacio a especulaciones que están en sintonía con Francisco. Así quedó claro por la reelección del Cardenal Robles en la presidencia, como por la elección de las comisiones y del Consejo Permanente. También en tres documentos muy significativos: el discurso de apertura de Robles, el mensaje del nuncio apostólico y el comunicado de los obispos.

El discurso del Cardenal fue pronunciado antes de las elecciones y consistió en una glosa bien armada sobre los mensajes de Francisco en México. Mostró aceptación, disposición, entusiasmo y deseos de compromiso con la línea pastoral marcada por el Papa. Su reelección fue la respuesta del común de los obispos a sus palabras.

Por su parte el nuncio apostólico, Christophe Pierre, hizo recuento del camino recorrido por los obispos desde la celebración de la última Conferencia del Episcopado Latinoamericano (Brasil, 2007), hasta el día de hoy. Confirmó el proceso de transformación de la Iglesia en México bajo las presidencias de Carlos Aguiar Retes, arzobispo de Tlalnepantla, y del Cardenal Robles, el cual debe leerse en clave de conversión pastoral. Esto es, del hacerse cargo de los diversos problemas que vivimos los mexicanos, para hacer de la Iglesia una comunión de discípulos y misioneros del Nazareno. La visita del Francisco dio fuerza a los vientos de renovación pastoral.

En el comunicado titulado, “Echarle ganas sí; resignarnos no”, los pastores confirman su disposición, buen ánimo y compromiso con Francisco. En esa tesitura ponderaron las cualidades solidarias del pueblo y su importancia para construir puentes de encuentro, para evitar la tentación de “resignarnos a vivir de rodillas ante el mal”. Al mismo tiempo, se comprometieron a seguir “acompañando a todos para que nadie se sienta excluido y en cada persona brille la dignidad de los hijos de Dios”.

Los obispos confirmaron su alegría de viajar en el mismo tren con Francisco y compartir el camino decidido en el santuario de Aparecida hace casi diez años. Estoy seguro que los católicos de a pie, simples laicos de parroquia, compartimos sus gozos y esperanzas. Somos una sola Iglesia.

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