Por Fernando PASCUAL|

 

¿Qué predicaría hoy el misterioso escritor del Qohelet o Eclesiastés? ¿Qué diría ante el mundo en el que vivimos aquel intenso y profundo autor de un libro bíblico?

Seguramente su voz denunciaría, con palabras fuertes y sinceras, tantas vanidades de nuestro tiempo.

La vanidad de quienes declaran este o aquel evento como “históricos”, cuando pronto serán olvidados.

La vanidad de quienes presumen de tener muchos amigos en las redes sociales, la mayoría muy poco interesados en la propia vida.

La vanidad de quienes suponen ser felices con la victoria de su equipo de fútbol conseguida tristemente tras juegos sucios y engaños inconfesables.

La vanidad de quienes creen que son “modernos” cuando simplemente repiten errores cometidos tantas veces en el pasado.

La vanidad de quienes piensan que han escogido la ideología política del futuro, cuando tarde o temprano esa ideología quedará señalada como un fracaso y una mentira.

La vanidad de quienes invierten en su apariencia física y en sus vestidos mientras dejan de lado la socrática cura del alma.

La vanidad de quienes disfrutan de fiestas y de juegos que vacían sus corazones y les impiden ver y contrastar las enormes injusticias de nuestro tiempo.

La vanidad de quienes también hoy escupen al cielo y blasfeman contra Dios, sin darse cuenta de lo que pierden.

La vanidad de los que aplauden frases de moda y superficialidades demagógicas, cuando deberían dedicarse al estudio y a la lectura de obras básicas para entender la existencia humana.

Si hoy predicase Qohelet… Quizá sería una voz en el desierto, ahogada entre miles de mensajes frívolos y “memes” simplificadores, que promueven el pensamiento único y la pereza intelectual.

Pero necesitamos hoy, como en todos los tiempos, voces valientes que nos repitan “vanidad de vanidades” ante tantos engaños, y que despierten nuestras conciencias para reconocer que solo vale la pena amar a Dios y a los hermanos…