Una “alegría constante”, una “oración perseverante”, una “continua acción de gracias” son el espíritu con el cual vivir el tiempo de Adviento. Es cuanto ha sido subrayado por el Papa Francisco hoy, antes del rezo del Ángelus junto a los peregrinos en la plaza San Pedro. Luego de la oración mariana, el pontífice hizo un llamamiento, pidiendo la liberación de seis monjas del Corazón Eucarístico de Cristo, que fueron raptadas de su convento en  Iguoriakhi (Nigeria) hace aproximadamente un mes. “Rezo con insistencia por ellas –dijo- y por todas las demás personas que se encuentran en esta dolorosa situación: que ellas puedan en ocasión de la Navidad, regresar finalmente a sus hogares”. El pontífice luego invitó a rezar, juntos, un Ave María, por todos los raptados.

Con anterioridad a ello, el Papa explicó el sentido de la celebración de hoy, Tercer Domingo de Adviento, también llamado “domingo de la alegría” recordando las palabras de San Pablo en la lectura de hoy (1 Tesalonicenses 5, 16-24) que “nos invita a preparar la venida del Señor asumiendo tres actitudes: la alegría constante, la oración perseverante y la continua acción de gracias”.

La primera actitud significa “permanecer siempre en la alegría, incluso cuando las cosas no marchan según nuestros deseos. Las angustias, las dificultades y los sufrimientos atraviesan la vida de cada uno, y muchas veces la realidad que nos rodea parece ser inhóspita y árida, similar al desierto en el cual resonaba la voz de Juan El Bautista, como recuerda el Evangelio de hoy (cfr. Juan 1, 23). Pero justamente las palabras del Bautista revelan que nuestra alegría se apoya en la certeza de que este desierto está habitado: «En medio de vosotros está uno a quien no conocéis» (v. 26). Se trata de Jesús, el enviado del Padre que viene, como resalta Isaías, «a anunciar la buena nueva a los pobres, a vendar las llagas de los corazones rotos, a pregonar a los cautivos la liberación y a los reclusos la libertad, a pregonar el año de gracia del Señor» (61,1-2)”.

La segunda actitud, la “oración perseverante” subraya que “por medio de la oración podemos entrar en una relación estable con Dios, que es la fuente de la verdadera alegría. La alegría del cristiano no se compra, viene de la fe y del encuentro con Jesucristo, razón de nuestra felicidad. Cuanto más arraigados estamos en Cristo, tanto más cerca estamos de Jesús, tanto más recobramos la serenidad interior, incluso en medio de las contradicciones cotidianas. Por eso, el cristiano, habiendo encontrado a Jesús, no puede ser un profeta de la desventura, sino un testigo y un heraldo de la alegría. Una alegría que se ha de compartir con los demás; una alegría contagiosa que torna menos fatigoso el camino de la vida”.

La tercera actitud, estar en “continua acción de gracias”, es “el amor agradecido hacia Dios. Él, de hecho, es muy generoso con nosotros, y nosotros somos invitados a reconocer siempre sus favores, su amor misericordioso, su paciencia y bondad, viviendo de esta manera en incesante acción de gracias”.

“Alegría, oración y gratitud –concluyó- son tres actitudes que nos preparan para vivir la Navidad de un modo auténtico. En este último tramo del tiempo de Adviento, nos encomendamos a la maternal intercesión de la Virgen María. Ella es ‘causa de nuestra alegría’, no sólo porque dio a luz a Jesús, sino porque nos remite a Él continuamente”.