Por Felipe ARIZMENDI ESQUIVEL, Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas |

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La semana pasada, estuve con 35 nahuablantes en una comunidad de las montañas de Oaxaca, Teopoxco, de la Prelatura de Huautla, acompañando su arduo trabajo de traducir al náhuatl tanto la Misa como los sacramentos. Yo no hablo este idioma, pero la Conferencia Episcopal nos confió a las Dimensiones de Animación Bíblica de la Pastoral, Liturgia, Doctrina de la Fe, Cultura e Indígenas, que participáramos en este proceso de traducción, para cuidar tanto la fidelidad bíblica, como la litúrgica, teológica y cultural.

Es muy alentador compartir la alegría y la esperanza que provoca en estos pueblos originarios comprobar que son importantes, que valen, que no están a punto de extinción, que la Iglesia los toma en cuenta, y que en su idioma se puede no sólo leer la Biblia, sino celebrar los sacramentos y expresar su fe. Ojalá otras diócesis con población indígena se animaran a formar equipos traductores para sus pueblos. Es un derecho que les asiste, y que no siempre hemos respetado.

Valoro mucho la nueva actitud del Papa Francisco, porque en su país de origen no se resalta mucho lo referente a la pastoral aborigen, como allá le llaman. Pasando los años como Sumo Pontífice, su actitud hacia los pueblos originarios se ha incrementado notablemente. Ya son varias sus intervenciones en que los reconoce, los valora, los alienta y les pide que ayuden, sobre todo a los obispos, a darle a la Iglesia un rostro más indígena. Muchos no le hacen caso, ni lo toman en cuenta, pero él hace lo que le corresponde.

PENSAR

En su reciente viaje a Perú, quiso empezar visitando la zona amazónica, donde viven miles de pueblos originarios. Resalto algo de lo que les dijo, para que no lo olvidemos.

“He querido venir a visitarlos y escucharlos, para estar juntos en el corazón de la Iglesia, unirnos a sus desafíos y con ustedes reafirmar una opción sincera por la defensa de la vida, defensa de la tierra y defensa de las culturas.

Considero imprescindible realizar esfuerzos para generar espacios institucionales de respeto, reconocimiento y diálogo con los pueblos nativos; asumiendo y rescatando la cultura, lengua, tradiciones, derechos y espiritualidad que les son propias. Un diálogo intercultural en el cual ustedes sean los principales interlocutores, sobre todo a la hora de avanzar en grandes proyectos que afecten a sus espacios. El reconocimiento y el diálogo será el mejor camino para transformar las históricas relaciones marcadas por la exclusión y la discriminación.

Permítanme decirles que si, para algunos, ustedes son considerados un obstáculo o un «estorbo», en verdad, ustedes con su vida son un grito a la conciencia de un estilo de vida que no logra dimensionar los costes del mismo. Ustedes son memoria viva de la misión que Dios nos ha encomendado a todos: cuidar la Casa Común.

El reconocimiento de estos pueblos —que nunca pueden ser considerados una minoría, sino auténticos interlocutores— así como de todos los pueblos originarios, nos recuerda que no somos los poseedores absolutos de la creación. Urge asumir el aporte esencial que le brindan a la sociedad toda, no hacer de sus culturas una idealización de un estado natural ni tampoco una especie de museo de un estilo de vida de antaño. Su cosmovisión, su sabiduría, tienen mucho que enseñarnos a quienes no pertenecemos a su cultura. Todos los esfuerzos que hagamos por mejorar la vida de los pueblos amazónicos serán siempre pocos.

Cada cultura y cada cosmovisión que recibe el Evangelio enriquecen a la Iglesia con la visión de una nueva faceta del rostro de Cristo. La Iglesia no es ajena a vuestra problemática y a vuestras vidas, no quiere ser extraña a vuestra forma de vida y organización. Necesitamos que los pueblos originarios moldeen culturalmente las Iglesias locales amazónicas. Ayuden a sus obispos, ayuden a sus misioneros y misioneras, para que se hagan uno con ustedes, y de esa manera dialogando entre todos, puedan plasmar una Iglesia con rostro amazónico y una Iglesia con rostro indígena”(19-I-2018). 

ACTUAR

Nuestra Iglesia no será verdaderamente católica sino hasta que acepte en su seno, con todos sus derechos, a los diferentes pueblos que la integran. Los indígenas requieren más espacio y más protagonismo en el culto divino, en las catequesis, en las programaciones pastorales. Que el Espíritu Santo nos abra la mente y el corazón a esta pluralidad de pueblos y culturas. Así es la Iglesia que Jesús quiere, no sólo romana, griega, italiana, española, sino también náhuatl, maya, tseltal, tsotsil, ñañú,quechua, aymara, amazónica, etc.

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