HEME AQUÍ, ENVIAME A MÍ | Por Francisco Xavier SÁNCHEZ |

En estos días se acaba de anunciar la próxima canonización tanto del Papa Pablo VI (1897-1978), como del Arzobispo Oscar Arnulfo Romero (1917-24 de Marzo de 1980). Dos altos jerarcas que nos muestran dos rostros de la Iglesia católica que finalmente coinciden: la razón y el compromiso social.

En estos días se acaba de anunciar la próxima canonización tanto del Papa Pablo VI (1897-1978), como del Arzobispo Oscar Arnulfo Romero (1917-24 de Marzo de 1980). Dos altos jerarcas que nos muestran dos rostros de la Iglesia católica que finalmente coinciden: la razón y el compromiso social.

Mons. Pablo VI tuvo que sacar adelante el Concilio Vaticano II que su predecesor Juan XXIII (también canonizado recientemente) había iniciado. El Papa “Bueno” –como se le llamaba– Juan XXIII, quiso actualizar a la Iglesia, ponerla al día (“aggiornamento”) y por eso convocó a un Concilio para realizar las modificaciones necesarias. Juan XXIII inició el Concilio el 11 de Octubre de 1962 y falleció algunos meses después, el 3 de Junio de 1963. El Cardenal Montini, elegido como nuevo Papa, tuvo que continuar con el Concilio al que le imprimió su propio sello de intelectual y de hombre abierto a los debates de su tiempo.

Por su parte el P. Oscar Arnulfo Romero, fue elegido obispo auxiliar de San Salvador precisamente por el Papa Pablo VI en 1970, quien también lo nombró Arzobispo de El Salvador el 3 de Febrero de 1977. Aunque poco duró como Arzobispo, 3 años, ya que fue asesinado el 24 de Marzo de 1980 mientras celebraba misa. Recomiendo para tener una visión general de Mons. Romero la película Romero.

De las dos próximas canonizaciones sobresale la del Arzobispo centroamericano Mons. Romero, por varias razones. 1. Porque muestra el beneplácito y el apoyo que el actual Papa Francisco tiene por los miembros de la Iglesia comprometidos con los pobres. 2. Porque es un mensaje –para quien tenga oídos– para que la Iglesia jerárquica deje su cúpula de poder y privilegios, y se comprometa (tal vez hasta el martirio) por la causa de la justicia.

Finalmente con la canonización de Mons. Romero se vuelve a cumplir lo que Jesucristo decía hace más de 2000 años: “Hay de ustedes fariseos hipócritas porque hacen estatuas de los profetas que sus padres asesinaron” (Mt. 23, 29-31). Porque es bueno saber, en estos momentos de gran jubilo (por lo menos para algunos), que una buena parte de la Iglesia jerárquica, en particular el entonces Papa Juan Pablo II también santo, no apoyaron y criticaron la labor de Mons. Romero.

Con esto quiero comentar que esto de la santidad “oficial” de la Iglesia es algo relativo. Es decir que tiene mucho que ver con las circunstancias ideológicas del Papa en turno. De otra manera no se puede entender que dos personas con mentalidad tan distinta (incluso opuesta) en lo referente al compromiso social y político que debe tener la Iglesia, como son San Juan Pablo II y el futuro santo Mons. Oscar Arnulfo Romero hayan sido canonizados con poco intervalo de tiempo. Un Papa quiso abrir las ventanas de la Iglesia (Juan XXIII) mientras que otro trato de cerrarlas (Juan Pablo II).

En los tiempos tan aciagos que ahora vivimos, tanto a nivel internacional como en nuestro propio país, necesitamos de más obispos, sacerdotes, papas y laicos, comprometidos con los pobres y en favor de la justicia.

Mons. Romero usted ya era santo –para el pueblo salvadoreño y para todos los que lo conocieron– pero era realmente necesario declararlo oficialmente. Gracias Papa Francisco (quien para mi también es santo y estoy convencido que después de su muerte iniciará el proceso) por buscar devolver a la Iglesia su pureza y humildad de origen.