Las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki dejaron claro cuál es su terrible poder destructor. Pero Chernóbil y Fukushima muestran que ni siquiera hace falta una guerra para que la energía nuclear produzca estragos apocalípticos a corto, mediano y largo plazo

En la actualidad hay poco más de 17 mil armas nucleares en el mundo, pero sus propietarios son apenas nueve países:

▶ Rusia (con 8,500),

▶ Estados Unidos (con 7, 700),

▶ Gran Bretaña (con 225),

▶ Francia (con 300),

▶ China (con 250),

▶ Paquistán (con entre 100 y 200),

▶ India (con 90 a 110),

▶ Israel (con 80) y

▶ Corea del Norte (con aproximadamente 10).

Si se hicieran estallar todas estas armas al mismo tiempo, bastarían sólo 5 minutos para destruir por completo la vida en el planeta Tierra. De hecho no harían falta todas para lograrlo, es decir, hay armas de sobra para lograr el fin del mundo.

Según el presidente de Corea del Norte, Kim Jong-un, su país posee la bomba H, y le bastaría con detonar 3 o 4 de éstas para acabar con el mundo entero.

Una sola bomba B-83, que es la más abundante del arsenal nuclear estadounidense, mataría a 1.4 millones de personas en las primeras 24 horas. Donald Trump ha dicho que sólo necesita usar 500 cabezas nucleares para dejar a Corea del Norte totalmente destruida.

En cuanto a la bomba Zar, desarrollada por los rusos, podría matar al instante a 7.6 millones de seres humanos si se arroja sombre una zona densamente poblada, por ejemplo, la ciudad de Nueva York.

Sin embargo, a la energía nuclear también se le han buscado usos amigables; por ejemplo, convertirla en energía eléctrica. En la actualidad existen en el planeta más de 440 centrales nucleares operativas, y al menos otras 65 en construcción.

Estados Unidos es el país con mayor producción de energía eléctrica a partir de la energía nuclear, y ello a pesar del accidente que en 1979 se produjo en Three Mile Island. Para el gobierno estadounidense la energía nuclear es la única alternativa para hacer frente al agotamiento del petróleo y al incremento de su precio.

El segundo país en esta categoría es Francia, donde sus 59 centrales nucleares producen el 80% de la energía eléctrica que el país necesita. Y el tercer país es Japón, que obtiene hasta el 30% de su electricidad de estas plantas; pero el accidente de Fukushima, ocurrido a causa del terremoto del 11 de marzo de 2011, hizo que en algún momento el gobierno prometiera que iría eliminando sus 17 centrales nucleares. Lo cierto es que el paso del tiempo ha hecho cambiar de opinión a las autoridades japonesas —a pesar de que el reactor de Fukushima continúa contaminando día a día los mares—, de manera que este mes de julio dio a conocer que reabrirá la central nuclear de Tokai 2 —a sólo 70 kilómetros de Tokio—, que había sido suspendida porque también fue dañada por el terremoto de 2011, pero sin presentar fugas radioactivas.

Por el contrario, Alemania se ha comprometido seriamente con un plan de desmantelación de sus centrales nucleares, de manera que se prevé que para el año 2020 ya todas estén clausuradas. Se supone que también Gran Bretaña tendría que haber cerrado todas sus centrales, excepto una, antes del 2020. Por su parte, Noruega abandonó definitivamente sus planes nucleares en el año 1979, de manera que actualmente el país depende de la energía hidroeléctrica y de la importación de energía procedente de centrales térmicas.

En cuanto a México, cuenta con una central nuclear activa en el estado de Veracruz, con dos reactores operando: Laguna Verde I y Laguna Verde II.

El uso de la energía nuclear implica graves peligros; lo mismo por falla técnica o humana (como en Chernóbil) que por eventos de la naturaleza (como en Fukushima); por eso Juan Pablo II, en un discurso del 14 de noviembre de 1980, se refirió a la energía nuclear como «desconcertante desde muchos puntos de vista», e instó a «eliminar los peligros que acechan, de cerca o de lejos, a quienes se hallan expuestos a sufrir los daños eventuales provenientes de la utilización de ciertas fuentes de energía».

Redacción

TEMA DE LA SEMANA: ¿QUÉ TAN CERCA ESTAMOS DEL APOCALIPSIS?

 

Publicado en la edición impresa de El Observador del 29 de julio de 2018 No.1204