Hay un par de sucesos eclesiales a la puerta, dedicados al tema de los jóvenes: uno de ellos es la Jornada Mundial de la Juventud 2019, a realizarse en Panamá del martes 22 de enero al domingo 27 de enero; y el otro es la Asamblea General ordinaria del Sínodo de los Obispos, que tendrá lugar del 3 al 28 octubre sobre el tema «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional».

El pasado 19 de junio tuvo lugar en la Oficina de Prensa de la Santa Sede la conferencia de prensa de presentación del Instrumentum laboris para el citado Sínodo.

El documento presentado describe las variedades, las esperanzas y las dificultades de los casi 2 mil millones de jóvenes, entre 16 y 29 años, un cuarto de la humanidad del mundo entero.

Está estructurado en tres partes: reconocer, interpretar y elegir, y trata de ofrecer claves de lectura de la realidad juvenil, basándose en diversas fuentes, una de ellas un Cuestionario en línea, que agrupa las respuestas de más de cien mil jóvenes.

¿Qué es lo que quieren los jóvenes de hoy?

Con base en las respuestas que dieron al Cuestionario, puede responderse qué es lo que los jóvenes buscan en la Iglesia:

En primer lugar desean una «Iglesia auténtica», que brille por «ejemplaridad, competencia, corresponsabilidad y solidez cultural», una Iglesia que comparta «su situación de vida a la luz del Evangelio más que dar sermones», una Iglesia que sea «transparente, acogedora, honesta, atractiva, comunicativa, accesible, alegre e interactiva».

En fin, una Iglesia «menos institucional y más relacional, capaz de acoger sin juzgar previamente, amiga y cercana, acogedora y misericordiosa».

Tolerancia cero

Pero están también quienes a la Iglesia no le piden nada o sólo ser dejados en paz, considerándola un interlocutor no significativo o una presencia «fastidiosa o irritante».

Las razones de esta actitud crítica son los escándalos sexuales y económicos, sobre los cuales los jóvenes piden a la Iglesia que refuerce «su política de tolerancia cero contra los abusos sexuales dentro de las propias instituciones»; también critican la falta de preparación de los ministros ordenados, que no saben interceptar la sensibilidad de los jóvenes; igualmente la fatiga de la Iglesia para «dar razón de las propias razones doctrinales y éticas de frente a la sociedad contemporánea».

Las siete palabras clave del documento

Escucha:

Los jóvenes quieren ser escuchados con empatía, precisamente «allí donde se encuentran, compartiendo su existencia cotidiana», y desean que sus opiniones sean consideradas.

Buscan sentirse parte activa de la Iglesia, sujetos y no meros objetos de evangelización.

Todos los jóvenes quieren ser escuchado, sin excluir a nadie, porque la «escucha es la primera forma de lenguaje verdadero y audaz que los jóvenes piden en voz alta a la Iglesia».

Acompañamiento:

Los jóvenes piden ser acompañados, a nivel espiritual, formativo, familiar, vocacional.

Este acompañamiento no es, de hecho, una opción con respecto al deber de educar y evangelizar a los jóvenes sino un deber eclesial y un derecho de todo joven, que sirve para formar conciencias y libertad, cultivar sueños y «emprender pasos concretos en las estrecheces de la vida».

Y en este marco el papel de la familia es central y sigue representando una referencia privilegiada en el proceso de desarrollo integral de la persona.

Conversión:

El tema de la conversión es tratado ampliamente en el documento sinodal:

Está el drama de jóvenes cristianos que «representan una minoría expuesta a la violencia y a la presión de la mayoría que pretende su conversión».

También la solicitud de una «conversión sistemática» en el ámbito educativo para que todas las estructuras formativas y sus miembros inviertan más en la «formación integral», de manera que no se transmitan sólo contenidos, sino que se dé también testimonio «de madurez humana», para hacer que los jóvenes sean sujetos y protagonistas de su misma vida.

Discernimiento:

Es una de las palabras mayormente presentes en el documento, entendido como:

«Estilo de una Iglesia en salida», para responder a las exigencias de los jóvenes.

El discernimiento debe ser ofrecido a las jóvenes generaciones como «instrumento de lucha» que los haga capaces de reconocer «los tiempos de Dios» y «no desaprovechar» sus inspiraciones y su «invitación a crecer».

Discernimiento que es un «don y riesgo» porque no es inmune al error, pero enseña a los jóvenes la disponibilidad a asumir decisiones que cuestan.

Desafíos:

Discriminación religiosa, racismo, trabajo precario, pobreza, migraciones forzadas y trata: son muchos los desafíos que deben enfrentar los jóvenes de hoy, y muchos de ellos, explica el Instrumentum laboris, son generados por fenómenos de exclusión, por la «cultura del descarte», por un uso impropio de las nuevas tecnologías digitales tan difusivas pero también arriesgadas por el fenómeno del Dark web que
pueden generar.

Vocación:

A este respecto el documento evidencia la visión reductiva del término «vocación», ya que la pastoral vocacional es entendida como una actividad finalizada sólo al reclutamiento de sacerdotes y religiosos.

Por ello, surge la necesidad de volver a pensar la pastoral juvenil vocacional para que sea «de amplio respiro».

De hecho cada joven tiene su vocación que puede ser expresada en varios ámbitos: familia, estudio, profesión, política… convirtiéndose en «un eje de integración de todas las dimensiones de la persona».

Con respecto las vocaciones sacerdotales la Iglesia está llamada a reflexionar porque es innegable su preocupación por la disminución del número de los candidatos, y esto hace necesario —señala el Instrumentum— «una reflexión renovada sobre la vocación al ministerio, y una pastoral vocacional que sepa hacer sentir la fascinación de la llamada de Jesús a transformarse en pastores de su rebaño».

Santidad:

Se concluye con una reflexión sobre la santidad, porque debe ser propuesta como «horizonte accesible a todos los jóvenes».

La juventud es un tiempo de santidad, y como todos los santos nacieron jóvenes, la narración de su vida puede permitir a los chicos de hoy que cultiven la esperanza para que «con coraje —como escribe el Papa Francisco en la oración final del documento— tomen la vida en sus manos, apunten a las cosas más bellas y más profundas y conserven siempre un corazón libre».

Con información de http://www.synod2018.va

TEMA DE LA SEMANA: LOS JÓVENES Y EL SÍNODO QUE VIENE

 

Publicado en la edición impresa de El Observador del 12 de agosto de 2018 No.1205