Por José Francisco González González, obispo de Campeche

El domingo pasado, resuena aún en nuestros oídos, la frase del Evangelio en boca de Jesús: “Insensato! Esta noche vas a morir. ¿Para quién serán todos tus bienes?”. Cabe notar que Jesús no invita a tener un amplio desprecio a las cosas y realidades de la tierra, sino a ubicar lo más importante en su debido lugar. Por eso, “buscar el Reino” y “enriquecerse con la sabiduría que proviene de Dios” debe ser lo primero. Todo lo demás se dará por añadidura.

Ahora, Lucas 12,32-48 nos habla de un “tesoro”. Y lo hace con un dicho que reza así: “Donde está tu corazón, allí está tu tesoro”. Cuando se habla de ‘tesoro’, no sólo se refiere a un bien que se guarda para protegerlo de los ladrones, sino también a ese ‘algo’, a lo cual se recurre en caso de necesidad y urgencia.

Quien busca el Reino  entiende que todo cuanto se posee tiene sentido en la medida que se comparte. Lo que no se participa a otros, se marchita. Ese mensaje nos queda muy claro en la narración del libro del Éxodo, cuando nos habla del maná bajado del Cielo.

El hombre se vuelve necio cuando pretende acumular la abundancia y vivir en la tranquilidad. Hace falta tener una actitud de constante vigilancia.  La mejor actitud es estar alerta con las lámparas encendidas y con  la prontitud para trabajar y servir.

LA RIQUEZA MAYOR: EL SERVICIO

Jesús presenta una serie de imágenes, de breves parábolas para subrayar la importancia de estar vigilantes y vivir de manera sobria. Así por ejemplo, los amigos del Novio no saben cuándo regresará. Por eso, deben estar alertas y no ser sorprendidos. Si están vigilantes, el Señor se ceñirá la túnica para, Él mismo, ponerse en servicio de ellos.  Eso no es ‘normal’.

¡Qué bello mensaje esconde la Palabra! Ella nos invita a vivir confiados y en paz. No importa cuando llegue la muerte. Lo que es más importante y lo que más cuenta es lo que estés haciendo por los demás. Allí radica la serena felicidad. ¡Esa es la dicha, la bienaventuranza evangélica!

Pedro no entiende. Jesús le modifica sus criterios culturales. Por eso, Cristo le cuenta una parábola. Y en esa parábola, otra vez, el Señor subraya que: comer, beber y festejar (pasarla ‘chido’) era el proyecto del hombre necio (afrón, en griego), que pensaba vivir por mucho tiempo.

El Señor llega abruptamente, y lo entrega a los azotes y le hará correr la misma suerte de los desleales. Todo eso, por no ser servidor de los demás. En síntesis: Jesús vino a servir y no a ser servido. Él cambia la lógica. Así deben actuar los que quieran ser sus discípulos.

PROYECTO GLOBAL DE PASTORAL 2031-33

En el documento publicado por los obispos mexicanos el año pasado, leemos, a propósito del Evangelio hodierno: “En Jesús nuestro Redentor, los Obispos encontramos el modelo de vida para nuestro ministerio. Queremos actuar al estilo y con las actitudes de Jesús, que no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos (Mt 20,28), y ofrecer a todos, una vida plena, para que tengan vida y la tengan en abundancia (Jn 10,10). Por lo que nuestra manera de ofrecer el Evangelio de Salvación y nuestro modo de actuar, quiere ser misericordioso, humilde y con un corazón abierto para todos, especialmente los descartados por la sociedad. Pero tendremos que confrontar nuestra actuación con el criterio que nos dejó Jesús para constatar la autenticidad de nuestra fe cristiana: el amor y el servicio a la vida plena” (Nº 165). Digamos con el Salmo 32:

¡Dichoso el pueblo elegido por el Señor!