Por José Francisco González González, obispo de Campeche

EL VARÓN EN LA SOCIEDAD ACTUAL

Últimamente se habla mucho de la mujer. Un gran reconocimiento a ellas, por ese cúmulo de talento, sensibilidad, creatividad, espiritualidad, que Dios ha depositado en ellas. Pero ahora, en este espacio, quisiéramos retomar la figura masculina. Esa sí, un tanto marginada en nuestra sociedad. Esta es la primera parte. La próxima semana concluimos.

La presencia y la misión de los varones en la familia es irremplazable. A ellos, Dios les ha encargado ser los protectores, los proveedores y los líderes espirituales de su hogar. San Juan Crisóstomo afirmaba que, el padre de familia es el “gran sacerdote de la Iglesia doméstica”.

Una tentación, no siempre vencida, es la idolatría de la masculinidad proyectada por las celebridades; dígase de éstas en los ámbitos deportivo, artístico o político. Construir y basar la masculinidad en esas proyecciones (el cuerpo, el poder, el goce sin límites, etc.) es tomar modelos fugaces y edificar sobre arena.

CONSTRUIR LA MASCULINIDAD

La masculinidad se debe fundamentar en la roca firme que es Jesucristo. Él es un verdadero modelo. Él es verdadero Dios, pero verdadero hombre. Así nos lo presenta, incluso, Pilato: “He aquí el Hombre”. Cada momento de su vida es una revelación de lo que significa ser hombre.

Sólo en Él podemos encontrar la muestra más elevada de virtud y fortaleza masculinos, que necesitamos en nuestra vida personal y en la propia sociedad. Jesús nos enseña a no tirar la toalla, a estar firmes en la brecha, aunque a veces, eso no sea atractivo ni placentero. Vivir la masculinidad es entrar en el combate espiritual para vencer el propio egoísmo y no dejarse vencer por el narcisismo. El varón es capaz de defender a la mujer y a los niños contra todas las corrientes adversas y perseguidoras.

Para vivir la propia masculinidad, el varón debe prepararse. Ningún atleta sale vencedor de la justa deportiva, si no realiza una disciplina ascética previa. En nuestros ambientes, a veces, los varones se desinteresan de los aspectos espirituales de la familia. Lo dejan para las mujeres, con el grave riesgo de caer en las redes de las esclavitudes de los vicios que el mundo ofrece.

VARONES CON PROFUNDIDAD ESPIRITUAL

A propósito de esto, viene a bien leer un mensaje que dio el obispo de Cracovia (Polonia) en 1962, que posteriormente va a ser elegido como el papa Juan Pablo II. Karol Wojtyla estimulaba así a los jóvenes varones universitarios: “Estamos bien dispuestos para tomar o conquistar, a buscar las ganancias y los éxitos. Pero, luego llega el momento de dar; y nos echamos para atrás, porque no estamos preparados para dar el elemento que es tan característico en el retrato espiritual de la mujer, es casi imperceptible en el varón… Tenemos una tendencia a una actitud religiosa como la de Nicodemo, hacia un tipo de devoción que se caracteriza casi sólo por discreción superficial pero muy seguido también por miedo de lo que los demás puedan pensar… este catolicismo masculino no es interior ni suficientemente profundo; el creyente masculino no tiene una auténtica vida interior… nosotros los hombres no tenemos una vida interior suficientemente profunda”.

El varón debe aprender a cultivar verdaderas amistades espirituales. Así no tirará el harpa de la misión masculina que debe llevar adelante en el hogar. En Proverbios 17,17 leemos: “El amigo ama en cualquier ocasión, y un hermano nace para compartir la adversidad”. Cuando los varones venzan la pena de mostrar y cultivar su fe, se van a alentar mutuamente a vivir su misión paterna en santidad. Van a aprender, además, a hacer amigos sanos; no compañeros tóxicos, ni de parrandas ni de pandillas.

¡San José, ruega por nosotros!