Un nuevo «lío» del Papa Francisco

Por José Antonio Varela Vidal

Hace casi treinta días que se aprobó el documento final del sínodo de los obispos sobre la Amazonía, el cual reunió en octubre último a pastores y religiosas misioneros, así como a representantes de las comunidades parroquiales amazónicas. Todos fueron convocados por el Papa Francisco «para hacer lío», como a él mismo le gusta llamar a todo aquello que despierte conciencias y mueva voluntades, siempre a favor de un mundo mejor.

Y lo viene haciendo desde el inicio de su pontificado, cuando alertó que los pastores debían oler más a ovejas, o que las religiosas podían ser más madres y los jóvenes más «atléticos» en su esfuerzo cotidiano de seguimiento a Cristo. En suma, invitó a todos a cambiar la «cara de cuaresma» por una con tono pascual; a tender puentes en vez de levantar muros y a tocar la carne de Cristo cuando se brinde una limosna.

Todas estas actitudes del sucesor de Pedro, más aún, del Vicario de Cristo en la tierra, han obtenido una adhesión inmediata del pueblo de Dios y hasta de sectores no cristianos y no creyentes.

De este modo, el sumo pontífice ha colocado a la Amazonía en el centro de la atención de la humanidad. Esto era necesario, pues por los múltiples problemas globales y la necesidad de obtener recursos inmediatos, se ha venido ignorando la dramática situación que afecta a los pueblos originarios, desoyendo incluso a quienes trabajan y viven en medio de ellos, como son los misioneros.

Sin duda que, terminado este evento eclesial, y luego de que se conozcan los lineamientos del Santo Padre, surgirá la plena convicción de que la Amazonía estará de nuevo en el corazón de la Iglesia.

Una historia de amor

Los pueblos originarios amazónicos siempre tuvieron una atención especial del catolicismo, esto a través de los siglos. El envío de los misioneros a lugares inexpugnables como son las altas montañas y los ríos profundos, permitió llevar a dicha porción del pueblo de Dios el mensaje del Evangelio, que no hace distingo de personas.

Si bien en algunos casos hubo una adhesión y se aceptó el anuncio, este también generó hostilidad, desconfianza y muerte, lo que sembró nuevas semillas a través de los protomártires de la evangelización.

Décadas más tarde, y con un modelo organizado a nivel territorial, los Papas desplegaron sus mejores esfuerzos para establecer y sostener las misiones. Enviaron así a obispos-vicarios apostólicos para que, en su nombre, convocaran a congregaciones religiosas, laicos y educadores a «poner una tienda» e iniciar un sincero camino de inculturación del evangelio en dichas tierras. ¡No mirar al paganismo con hostilidad!, reiteró el Papa Francisco en una enseñanza sobre san Pablo a principios de noviembre último y que ratifica lo dicho.

Durante el último siglo y medio, la voz de la Iglesia se alzó para invocar la libertad de culto, una legislación acorde al lugar y también colaboró en la delimitación de territorios. Allí están como testigos la alta cantidad de poblados que llevan nombres religiosos, a manera de homenaje y protección de María y de los santos.

Sin embargo, tampoco estuvo ausente cuando su voz fue requerida. Como ante los dolorosos llamados del Papa san Pío X en 1912, pidiendo el fin de la esclavitud de los indígenas, lo que ya había sido advertido por el mismo Benedicto XIV en 1741. Más recientes fueron los mensajes valientes de los papas san Juan Pablo II en 1980 y de Benedicto XVI en 2007, durante sus respectivas visitas a Brasil.

¿Hacía falta un sínodo?

Esta pregunta, sobre la pertinencia del sínodo, estuvo en el ambiente desde que Francisco convocó al mismo en el año 2017, y se sigue analizando aún ahora que ya terminó… ¿Acaso un tema «regional» interesaba a la Iglesia universal? Si se toma en cuenta la cantidad de recursos naturales amenazados, como son el agua y el oxígeno, además de plantas medicinales y riquezas de los ríos, muy aptos y necesarios para el ser humano (independiente del lugar donde viva), la respuesta sería sí.

A esto hay que sumarle otro cuestionamiento. ¿Es adecuado y justo que los misioneros trabajen en condiciones tan adversas, limitadas y riesgosas, cuando podrían contar con mejores estructuras, mayor colaboración ministerial y una cabal comprensión de las culturas autóctonas? No está bien que aquellos perciban una sensación de desamparo, dado que eso ahuyenta inclusive a las vocaciones jóvenes hacia las misiones.

Pero dejemos que la misma enseñanza de la Iglesia nos precise si era pertinente un sínodo «local» de alcance mundial. En el discurso a la primera asamblea del Sínodo de los Obispos de 1967, el santo Papa Pablo VI le dijo a los pastores: «Ustedes representan al pueblo cristiano. Conocen sus necesidades y deseos, y procuran su bien espiritual y salvación». La respuesta habla por sí sola…

Una Iglesia amazónica

Al terminar el sínodo, los participantes aprobaron 120 propuestas y elevaron al Papa un archivo para su análisis y posible redacción de una exhortación apostólica.

Estamos ante un documento que exige una mediana comprensión sobre el fenómeno de la Amazonía. Asimismo, demanda un celo especial en lo referido a la evangelización, las misiones, el desarrollo humano y lo que es la ecología integral, donde nada de la naturaleza –incluidas las personas y su hábitat-, es ajeno a Dios ni a la Iglesia.

Por ello, las propuestas están precedidas de una «conciencia aguda», acerca de los dramas «que desfiguran la belleza y armonía querida por Dios» en este edén natural. A esto hay que sumarle un íntimo retrato de la iglesia misionera que, siempre comprometida con los pobladores, está llamada a mostrar su rostro más acogedor.

Propuestas finales

Entre los temas más votados hay algunos que despertaron cierta inquietud, pues se cree que el Papa aprobará reformas radicales en la Iglesia. Sin embargo, todas las propuestas serán estudiadas por Francisco, quien analizará lo que necesita el mundo para alcanzar un adecuado desarrollo integral: humano y religioso.

El mismo Papa prometió publicar una exhortación apostólica antes de fin de año, y creemos que lo hará. Sin ánimo de especular sobre su contenido, será importante el diagnóstico sobre los problemas medioambientales de la Amazonía, y las sugerencias de acción inmediata. Ya se habla de que definirá un «pecado ecológico».

No hay duda que todo esto generará un fuego interno, cuando exponga el panorama y los desafíos de la evangelización misionera, junto a los caminos que abrirá para «salir» a las periferias. Se espera con expectativa lo que defina sobre las sugerencias de los participantes -algunas audaces, qué duda cabe-, las que salieron del aula sinodal cargadas de urgencia e impotencia.

Finalmente, el discernimiento del Papa, tan sugerido por él mismo, será la herramienta más confiable para encontrar una solución, por ejemplo, a la escasez de presbíteros, que no permite una mejor experiencia sacramental en las comunidades parroquiales amazónicas.