Sobre la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, que fue aprobada por la mayoría de los Estados miembros de la ONU en septiembre 2015, la Iglesia católica se ha pronunciado en diversas ocasiones. Éstas son algunas:

  • El arzobispo filipino Bernardito Auza, como observador permanente de la Santa Sede ante la ONU entre 2014 y 2019, participó en las negociaciones que llevaron a la adopción de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

En su discurso del 19 de julio de 2017, monseñor Auza dijo que «es esencial que los líderes religiosos, las comunidades y los fieles» trabajen «en pro de un desarrollo auténticamente sostenible», y señaló que esto lo pueden hacer comprometiéndose con la Agenda 2030.

  • En el Foro de Alto Nivel de Naciones Unidas, que tuvo lugar del 8 al 18 de julio de 2018, bajo el lema «La transformación hacia sociedades sostenibles y resilientes», la delegación de Caritas subrayó que la Agenda 2030 es el mandato político «más fuerte» de la comunidad internacional sobre el desarrollo sostenible, por lo que dicho foro «debería servir» de llamamiento a los gobiernos «para que refuercen sus compromisos y aceleren los progresos para alcanzar la Agenda de Desarrollo Sostenible en 2030».
  • Francisco, por su parte, en la visita que hizo a la sede de la ONU el 25 de septiembre de 2015, dijo en su discurso oficial ante la Asamblea: «La adopción de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en la Cumbre mundial que iniciará hoy mismo, es una importante señal de esperanza». Y añadió que «la medida y el indicador más simple y adecuado del cumplimiento de la nueva Agenda para el Desarrollo será el acceso efectivo, práctico e inmediato, para todos, a los bienes materiales y espirituales indispensables: vivienda propia, trabajo digno y debidamente remunerado, alimentación adecuada y agua potable; libertad religiosa, y, más en general, libertad de espíritu y educación».

Durante la conferencia de prensa que concedió Francisco el 10 de septiembre de 2019, cuando regresaba en avión de su viaje a Mozambique, Madagascar y Mauricio, hizo además esta declaración: «Las organizaciones internacionales, cuando las reconocemos y les damos la capacidad de juzgar a nivel internacional —pensemos en el Tribunal Internacional de La Haya o en las Naciones Unidas—, cuando se pronuncian, si somos una única humanidad, debemos obedecer.

«Es cierto que las cosas que parecen justas para toda la humanidad no siempre serán justas para nuestros bolsillos, pero debemos obedecer a las instituciones internacionales».

Y, finalmente, en un mensaje dirigido en noviembre de 2019 al los dirigentes del Programa Mundial de Alimentos, Francisco advirtió que si a la «superficialidad, negligencia y egoísmo», que están «en la base de esta cultura del derroche», no se les toma en cuenta y no se les pone límite, no se podrán lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de Naciones Unidas. «Llegar a esa meta no le corresponde sólo a los organismos internacionales ni a los gobiernos, sino que compete a todos».

TEMA DE LA SEMANA: Un año para tomar conciencia

Publicado en la edición impresa de El Observador del 16 de febrero de 2020 No.1284