Por José Ignacio Alemany Grau, obispo

Reflexión homilética del 29 de marzo de 2020

Nos resistimos a morir porque, según lo que se ve, hay que pasar un tiempo difícil y uno solo, y después parece que todo se acabó.

Pero sobre el mundo material de lo visible está el mundo sobrenatural de la fe, que es regalo de Dios y precisamente sobre la muerte, oímos la voz amiga y clara de Jesús que nos dice:

“Yo soy la resurrección”.

El prefacio de hoy, hablando de Cristo, dice:

“Hombre mortal como nosotros que lloró a su amigo Lázaro, y Dios y Señor de la vida que lo levantó del sepulcro; hoy extiende su compasión a todos los hombres y por medio de sus sacramentos los restaura a una vida nueva”.

Se trata, pues, de un domingo de esperanza.

  • Ezequiel

La lectura de hoy conviene leerla en su contexto, porque en él encontramos una respuesta a lo que muchas veces oímos y es lo mismo que decían los israelitas a la vuelta del destierro:

“Hijo de hombre, estos huesos son la entera casa de Israel, que dice: se han secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza, ha perecido; estamos perdidos”.

Entonces Dios dice al profeta:

“Yo mismo abriré vuestros sepulcros y os sacaré de ellos, pueblo mío, y os llevaré a la tierra de Israel… Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis”.

Con esta visión de Ezequiel se va iluminando la fe en la resurrección personal, de la que ya habló Job y nos dará mayor claridad San Pablo en sus cartas.

  • Salmo 129

Nunca mejor que hoy para rezar de corazón este salmo al Señor, diciéndole:

“Desde lo hondo grito a ti, Señor, Señor escucha mi voz… Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?”

La verdad es que la humanidad ha pecado mucho y se alejó de ti.

“Pero de ti procede el perdón… Del Señor viene la misericordia”.

Tú, Señor, nos redimirás de todos nuestros delitos.

  • San Pablo

Si hoy se nos habla de resurrección tengamos en cuenta que “quien no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo.

Si Cristo está en vosotros… el Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en nosotros… y vivificará nuestros cuerpos mortales”.

Cuidemos que la gracia habite siempre en nosotros, porque teniéndola, tenemos el Espíritu de Jesús y a Jesús mismo con el Padre, porque las tres Personas son inseparables.

  • Versículo

El versículo nos repite la enseñanza más importante de hoy:

“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí no morirá para siempre”.

  • Evangelio

Se trata del quinto párrafo evangélico del ciclo A que leemos en cuaresma. Es largo y hermoso.

Es preciso meditarlo en particular. ¡Hay cosas tan bellas! Yo me fijo en éstas:

+ La hermosa petición de las hermanas de Lázaro, sencilla y confiada: “Señor, tu amigo está enfermo”.

Cuando la fe es grande no hacen falta muchas palabras.

+ La valentía aparente de Tomás que pide a sus compañeros: “vamos también nosotros y muramos con Él”.

Cuando la situación ya vaya de veras, todos dejarán solo a Jesús.

+ Llama la atención cómo las dos hermanas, al encontrarse con Jesús que viene a su casa, le dicen lo mismo: “Señor, si hubieras estado aquí no hubiera muerto mi hermano”.

Ellas lo conocían y por eso esperaron un milagro mientras vivía Lázaro.

+ Admiramos también la ternura de Jesús que llora por dos veces: “Viéndola llorar (a María) y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, sollozó”.

Y poco después el evangelista añade: “Jesús se echó a llorar”.

+ También impresiona cómo Jesús, antes del milagro, agradece al Padre:

“Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo sé que tú me escuchas siempre pero lo digo por la gente que me rodea para que crean que tú me has enviado”.

Y quiero terminar con el hermoso acto de fe que hace Marta al conversar con Jesús:

“Jesús le dice: yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees esto?

Ella le contestó: sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”.

Pidamos al Señor Jesús que nunca nos falte la fe, ni siquiera en los momentos más difíciles.

 

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