Hace 62 años, justo el 28 de octubre de 1958, el cardenal Angelo Giuseppe Roncalli fue elegido obispo de Roma, tomando el nombre de Juan XXIII.

Después del pontificado de 19 años de Pío XII, el colegio cardenalicio no se ponía de acuerdo en el cónclave. Juan XXIII salió electo luego de cuatro sesiones en las que en las dos primeras su nombre no fue votado por nadie. Se dice que la disputa entre candidatos italianos y de otros países europeos dio lugar a que se votara por un candidato que no durara mucho y que tampoco despertara demasiados recelos.

Así, los cardenales decidieron colocar como sucesor de san Pedro a alguien centrista —ni demasiado modernista ni demasiado conservador—, de preferencia de edad avanzada y, sobre todo, de carácter conciliador.

Se esperaba que el de Angelo Roncalli fuera entonces un papado “de transición”, es decir, breve y sin novedades. Juan XXIII tenía 76 años de edad cuando fue electo, y apenas ocupó la silla de Pedro por 4 años y 7 meses. Sin embargo, fue tiempo suficiente para que causara toda una revolución al interior de la Iglesia: a menos de tres meses de su elección, anunció la convocatoria del concilio ecuménico Vaticano II, que, entre otras cosas, cambiaría en las Misas el latín por los idiomas vernáculos.

Juan XXIII no pudo ver la conclusión del citado concilio ni los inicios de su aplicación —eso le tocó a Pablo VI—, pero sí dejó una huella indeleble en la historia eclesiástica y del mundo.

SU SOBRENOMBRE

En breve tiempo se había ganado el mote entre los italianos del “Papa Bueno”, el cual acabó trascendiendo fronteras. Aquel sobrenombre le fue dado debido a su carácter simpático, espontáneo, sencillo y paternal.

Cuando, concluido el cónclave, salió a presentarse ante la multitud congregada en la Plaza de San Pedro, habló no con un discurso escrito, rígido y solemne, como muchos esperaban, sino con palabras improvisadas. Además aquello fue transmitido por televisión, de manera que hizo inmediata conexión con hogares de todo el mundo que ya contaban con este moderno aparato.

IMPIDIÓ LA TERCERA GUERRA

Pero su mayor logro fue impedir que se desatara la tercera guerra mundial. Era octubre de 1962 cuando Estados Unidos descubrió que la Unión Soviética (hoy Rusia) puso en Cuba misiles nucleares dirigidos hacia la potencia americana. La guerra estaba a punto de iniciar, y Juan XXIII contactó privadamente con John F. Kennedy. El 25 de octubre el pontífice acudió a Radio Vaticano, donde emitió un apasionado llamamiento por la paz: “Rogamos —exclamó—a todos los gobiernos que no permanezcan sordos a este grito de humanidad. Que hagan todo lo que esté a su alcance para salvar la paz. Así salvarán al mundo de los horrores de una guerra, cuyas aterradoras consecuencias nadie puede predecir”. Y, efectivamente, EU y la URSS desistieron de la guerra.

TEMA DE LA SEMANA: SAN JUAN XXIII: VER A LA IGLESIA DESDE EL MUNDO

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 25 de octubre de 2020. No. 1320