Por José Ignacio Alemany Grau, obispo

Reflexión homilética del 4 de abril de 2021

El evangelista San Juan nos enseña a creer sin ver.

Jesús, por otra parte, había dicho a Tomás:

“Dichosos los que crean sin haber visto”.

Esta es la fe auténtica.

Hechos de los Apóstoles

Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén.

Pedro, que habla en nombre de todos los apóstoles, atestigua que “mataron a Jesús colgándolo de un madero, pero Dios lo resucitó”.

Y aclara que solo lo vieron ellos y no todo el pueblo. Su testimonio se debe a la misericordia de Dios que no se presentó resucitado nunca a todo el pueblo, sino solamente a los que “hemos comido y bebido con Él después de la resurrección”.

Ellos, dando la vida, serán los testigos seguros de la resurrección de Jesús.

Salmo 117

Se trata de un salmo precioso que, aparte de lo que hoy nos cita la liturgia, recordamos siempre sobre todo con estas palabras que repetiremos toda la semana pascual:

“Este es el día en que actuó el Señor sea nuestra alegría y nuestro gozo” y también estas otras palabras que repetimos cada día en la santa misa antes de la consagración:

“Bendito el que viene en nombre del Señor”.

Procuren meditar los tres hermosos versículos que leemos en esta fiesta.

San Pablo

Nos habla con la lógica de su fe profunda.

Si hemos vivido la vigilia pascual con mucha fe, entenderemos muy bien:

“Ya que han resucitado con Cristo, busquen los bienes de allá arriba donde está Cristo sentado a la derecha de Dios”.

Aspiremos a los bienes de arriba y no a los de la tierra.

Aleluya

Hoy resuena con solemnidad la palabra Aleluya que durante toda la cuaresma no había resonado en los templos. Y este aleluya se repite por el gozo de la muerte y resurrección de Cristo:

“Ha sido inmolada nuestra víctima pascual, Cristo”.

Por ello nos invita la liturgia a celebrar con gozo la Pascua del Señor.

Evangelio

La Magdalena va a anunciar a los apóstoles:

“Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”.

Pedro y Juan salieron apurados. Juan, más joven, llega antes al sepulcro pero espera, con un respeto grande, a que entre Pedro antes que Él.

Luego entró Juan y este es su testimonio:

“Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, vio y creyó”.

Reconoce con sencillez que hasta ese momento no había entendido todas las veces que Jesús les había hablado de la resurrección.

Este es el testimonio de la liturgia para el gran día de la Pascua y nos invita a todos a creer sin haber visto, movidos por la luz del Espíritu Santo y la fe que nos regaló el día del bautismo.

Aprovechemos las maravillas que nos ha regalado Jesucristo con su muerte y resurrección gloriosa para esperar confiando siempre en Él, a pesar de todos los problemas que estamos viviendo en estos momentos difíciles.

Con la Iglesia alegrémonos porque la resurrección de Cristo es la prenda segura de nuestra propia resurrección.