El Año Ignaciano comenzó el pasado 31 de julio y terminará en Roma el 31 de julio de 2022. El tema elegido para este Jubileo es “Ver todas las cosas nuevas en Cristo”. Ocho caminos ignacianos para encontrar la verdadera libertad.

Por Ary Waldir Ramos Díaz / Aleteia en El Observador

La fiesta de la conversión de san Ignacio es la oportunidad de preguntarse cuál ha sido nuestra bala de cañón, y también el principio de las celebraciones dedicadas al fundador de la Compañía de Jesús, que murió en Roma el 31 de julio de 1556.

Con el primer Papa jesuita Sucesor de Pedro, se trata de una de las celebraciones especiales presentes en la agenda eclesial de este año 2021.

Y también porque los jesuitas conmemoran el 500 aniversario de la conversión de Ignacio tras ser herido en Pamplona el 20 de mayo de 1521.

Con este motivo se ha proclamado el Año Ignaciano, que se clausurará en Roma el 31 de julio de 2022 en la iglesia madre de la Orden «Il Gesú”, que fue la primera iglesia jesuita que se construyó en Roma.

El tiempo especial de gracias se remonta a los momentos más destacados de la vida de Ignacio (incluyendo la redacción de los Ejercicios Espirituales durante su retiro en la cueva de Manresa en España) antes de hacerse sacerdote y fundar la Compañía de Jesús en 1540, durante el pontificado de Pablo III.

El tema elegido para este Jubileo es «Ver todas las cosas nuevas en Cristo».

La oportunidad de Ignacio

Ignacio de Loyola encontró la verdadera libertad cuando aprendió a escuchar la voz de Dios. Fue un proceso que llevó mucho tiempo.

Ocurrió después de ser herido casi mortalmente en una batalla. Sus piernas -y sus sueños para sí mismo- se hicieron añicos.

San Ignacio con su vida enseña que detrás de una crisis se esconde una oportunidad.

El papa Francisco, jesuita, ha insistido en el discernimiento, es decir distinguir entre el bien y el mal explorando los movimientos del corazón y de los acontecimientos del día a día, incluidas las relaciones interpersonales. Dice el Papa:

“El discernimiento no consiste en acertar siempre desde el principio, sino en navegar, en tener una brújula para poder emprender el camino que tiene muchas curvas y vueltas, pero dejarse guiar siempre por el Espíritu Santo, que nos va conduciendo al encuentro con el Señor”.

Verdadera libertad

Para san Ignacio la verdadera libertad consiste en ser libres de sí mismos, en dejar espacio a Dios, para que esté en el centro de nuestras decisiones en la vida.

El papa Francisco también quiso evocar el 20 de mayo -día de la conversión y de la herida causada por un cañonazo en Pamplona al soldado Iñigo- el significado de aquella llamada a cambiar de vida:

El Obispo de Roma sugiere que todos los que se inspiren en la espiritualidad ignaciana deben aprender a observar las “cosas aparentemente pequeñas” que “pueden ser importantes”.

“Esa bala de cañón también significó que Ignacio fracasó en los sueños que él tenía para su vida”.

Entonces invita en esta fiesta a perseguir el sueño de Dios para cada uno:

“Ignacio no se centraba en Ignacio. Se trataba de ayudar a las almas. Era un sueño de redención, un sueño de salir al mundo entero, acompañado de Jesús, humilde y pobre”.

“En Pamplona, hace 500 años, todos los sueños mundanos de Ignacio se hicieron añicos en un momento. La bala de cañón, que le hirió, cambió el curso de su vida, y el curso del mundo”, destacó en el mensaje.

Así, invita a considerar que “Dios nos habla también a través de nuestros hermanos”.

“Escuchemos a los demás. Leamos en las situaciones. Seamos postes indicadores para los demás, también nosotros mostrando el camino de Dios. La conversión se hace siempre en diálogo, en diálogo con Dios, en diálogo con los demás, en diálogo con el mundo”.

¿Y cuál es tu momento bala de cañón? En la página oficial del aniversario hay testimonios y preguntas abiertas:

¿Te ha sucedido alguna vez? ¿Cómo la has afrontado? ¿Te has sentido decepcionado? ¿Amargado? ¿O te has animado a tomar nuevas direcciones y a encontrar nuevas esperanzas y fe… e incluso amor?

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 15 de agosto de 2021 No. 1362