Por P. Fernando Pascual

En la sociedad se producen debates más o menos intensos sobre temas controvertidos, de modo especial cuando luego se trata de llegar a decisiones que afectan a las personas y a las reglas de convivencia en la sociedad.

Pensemos en las discusiones, que en algunos lugares son especialmente intensas, sobre los modos mejores para afrontar una epidemia, por ejemplo, al tomar medidas de cuarentena, o al buscar y ofrecer a la gente vacunas que tengan un alto nivel de eficacia y seguridad.

Hemos visto que algunas de esas discusiones han llegado a extremos del famoso “muro contra muro”, donde los que defienden posiciones diferentes no se hablan, incluso se desprecian mutuamente.

Además, algo constatado durante la pandemia del Covid-19, gobiernos o dirigentes de empresas implementan sistemas de censura para acallar tesis e ideas declaradas como falsas porque no coinciden con ciertos puntos de vista.

En realidad, uno de los caminos que enriquece la experiencia humana y que promueve la búsqueda de debates sanos, consiste en reconocer que la propia posición no abarca la complejidad de un tema, y que otros puntos de vista, incluso contrarios al defendido por uno, pueden ofrecer elementos de interés, o estimular nuevas perspectivas para corregir errores y abrirse a nuevos descubrimientos.

En la encíclica “Fratelli tutti” (2020), el Papa Francisco ofrece un número que ayuda a promover una sana apertura a puntos de vista diferentes, y a dialogar con franqueza y apertura de mente sobre temas controvertidos. Aquí sus palabras:

“El auténtico diálogo social supone la capacidad de respetar el punto de vista del otro aceptando la posibilidad de que encierre algunas convicciones o intereses legítimos. Desde su identidad, el otro tiene algo para aportar, y es deseable que profundice y exponga su propia posición para que el debate público sea más completo todavía. Es cierto que cuando una persona o un grupo es coherente con lo que piensa, adhiere firmemente a valores y convicciones, y desarrolla un pensamiento, eso de un modo o de otro beneficiará a la sociedad. Pero esto solo ocurre realmente en la medida en que dicho desarrollo se realice en diálogo y apertura a los otros. Porque en un verdadero espíritu de diálogo se alimenta la capacidad de comprender el sentido de lo que el otro dice y hace, aunque uno no pueda asumirlo como una convicción propia. Así se vuelve posible ser sinceros, no disimular lo que creemos, sin dejar de conversar, de buscar puntos de contacto, y sobre todo de trabajar y luchar juntos” (Fratelli tutti, n. 203).

Este párrafo reconoce, por una parte, que normalmente adherimos a ciertas tesis o ideas de modo firme, lo cual es parte del dinamismo de la inteligencia humana. Al mismo tiempo, constata que algunos sostienen una idea, otros una idea diferente (o incluso contraria), y unos y otros necesitan aprender a dialogar y confrontarse.

Respecto del tema de las epidemias, quien está convencido de que las vacunas salvan vidas, hará lo posible para convencer a otros para que asuman su responsabilidad y se vacunen. Igualmente, quien está convencido de que algunas vacunas aprobadas por el gobierno son prematuras, o inseguras, o dañinas para amplios sectores de la población, buscará convencer a otros para que eviten vacunarse por los riesgos que, según ellos, serían relevantes.

Por desgracia, como dijimos, en ocasiones hay grupos de presión, a veces muy poderosos, que descalifican y censuran todo aquello que vaya contra las tesis que defienden. Si volvemos al texto del Papa, una sociedad sanamente pluralística evitará este tipo de censuras, incluso formas de persecución más o menos sutiles, contra los que piensan de otra manera.

Lo correcto, en temas controvertidos, es promover actitudes de apertura hacia posiciones diferentes, y modos concretos de diálogo que permitan comprender mejor lo que dicen otros.

De este modo, en un debate de tanta relevancia y urgencia como el que se refiere a los modos de afrontar la terrible amenaza de una pandemia, será posible evitar el “muro contra muro”, se construirán puentes en los que se confronten las ideas, y habrá más posibilidades para alcanzar un mutuo enriquecimiento y cambios de las posiciones, siempre con la mirada puesta en acercarnos un poco a la verdad.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay