Por Sergio Ibarra

Los procesos democráticos recientes en nuestra patria y sus resultados, dejan a la vista un problema subyacente sumado a la evidencia de estar bajo un gobierno federal autodefinido como antiliberal, declarado en forma insistente y pública por su titular.

Las democracias liberales han resultado buenas para proporcionar paz y prosperidad, prometen y en gran medida brindan un grado mínimo de igual respeto a sus sociedades, basadas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que representa la gran síntesis de lo que dejó a la humanidad como aprendizaje la masacre de la Segunda Guerra Mundial.

Las naciones que optaron por este modelo crecieron de 35, que había más o menos en 1970, a más de 110 en el siglo XXI. Sin embargo, este orden mundial liberal no benefició a todos, de ahí que líderes como Trump, Putin, López y otros más, hayan capitalizado este fenómeno.

La desigualdad no ha quedado resuelta, principalmente por el acceso a la educación. El contexto que hoy vivimos nos obliga, literalmente, a ser usuarios del conocimiento y de la tecnología en cualquiera que sea nuestra ocupación.

Francis Fukuyama (1952) politólogo estadounidense, afirma que “aún no se ha resuelto el problema del tymós, que significa, reconocimiento, dignidad, identidad, inmigración, nacionalismo, religión y cultura. Millones de seres se debaten en una lucha interior, que no es la pertenencia a un partido, al fanatismo por una bandera o por un líder, es aún más profundo, es el anhelo al que toda persona tiene aspiración: ser reconocido.

El modelo que prevalece en nuestro país, hay que decirlo con toda claridad, es un modelo democrático liberal, en donde cada quien se hace responsable de su destino.

El reto que se presenta en los nuevos gobiernos, recientemente elegidos en México, ya iniciada esta tercera década del siglo XXI, es enfrentar y resolver, hasta donde se pueda, la desigualdad económica, pero sobre todo, en poner especial atención en recuperar la dignidad en la sociedad. ¿Qué significa esto? Eliminar hasta lo mínimo posible la humillación y la falta de respeto.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 5 de septiembre de 2021 No. 1365