Robert Francis Kennedy (1925-1968) fue hermano de John F. Kennedy, el presidente católico de Estados Unidos asesinado en 1963.

El abogado Robert —o “Bobby”— Kennedy, como político apoyó el Movimiento Afro-Estadounidense por los Derechos Civiles, ocupó el puesto de fiscal general de los Estados Unidos de 1961 a 1964, fue senador por el estado de Nueva York y candidato a la presidencia de su país.

Acababa de vencer en las elecciones primarias —votaciones para ganar la nominación como candidato presidencial por el Partido Demócrata—, cuando el 5 de junio de 1968, después de pronunciar su discurso de victoria, le dispararon con arma de fuego mientras se dirigía por un pasillo lleno de gente en el hotel de California desde donde hacía campaña.

No murió de inmediato, sino que alcanzaron a llevarlo con vida al hospital El Buen Samaritano de Los Ángeles, donde finalmente expiró la madrugada del día siguiente, teniendo apenas 42 años de edad.

Se dice que en el bolsillo de su chaqueta fue encontrada esta oración, que denotaría que, como católico, su fe en Cristo era esencial:

Oración: “Aquí estoy para hacer tu voluntad”

Dios mío, yo me abandono en tus manos.

Modela y remodela este barro como arcilla en manos del alfarero. Dale una forma y después, si quieres, deshazla, como fue deshecha la vida de mi hermano John.

Pide, ordena. ¿Qué quieres que haga? ¿Qué quieres que no haga?

Ensalzado o humillado, perseguido, incomprendido, calumniado, alegre y triste, o inútil para todo, sólo diré a ejemplo de tu Madre: “Hágase en mí según tu palabra”.

Dame el amor por excelencia, el amor de la cruz. Pero no de las cruces heroicas: podrían aumentar mi vanidad, sino las cruces vulgares que llevo con repugnancia. Aquéllas que se encuentran todos los días en la contradicción, en el olvido, en el fracaso, en los juicios falsos, en la frialdad, los desaires y desprecios de otros, en el malestar y defectos del cuerpo, en la oscuridad de la muerte y en el silencio y aridez del corazón.

Y entonces Tú sabrás que Te amo. Eso me basta.

Esta oración —sin la mención de “como fue deshecha la vida de mi hermano John”— se encuentra en numerosos manuales y libros de oración, por ejemplo en el librito “Encuentro”, donde el padre Ignacio Larrañaga incluye oraciones compuestas por sí mismo y por otros. Esto puede llevar a algunos a dudar de que efectivamente Robert Kennedy tuviera dicha oración en el bolsillo en el momento del atentado, o que él fuera el autor de la misma.

Pero es un hecho que para él la fe católica siempre fue importante. De niño Robert eligió por sí mismo ser monaguillo. De adolescente, asistía a Misa todos los días. Y de adulto, una vez casado e instalado en su hogar, se aseguró de poner una Biblia, un crucifijo, una estatua de la Virgen y una pila de agua bendita en cada una de las habitaciones de su casa.

TEMA DE LA SEMANA: ¿SE PUEDE LIDERAR A UN PUEBLO SIN RENUNCIAR A LA FE?

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 7 de noviembre de 2021 No. 1374