La sabiduría cristiana, no pretende los conocimientos de carácter científico; ni filosófico, ni siquiera en la línea de lo teórico de carácter teológico, sino atiende principalmente al Mensaje de Jesús, traducido en adhesión firme a su persona, que implica la vida y nuestra verdad y realidad, concretas.

En otras palabras, significa ser su discípulo para amarlo sobre todas las cosas, tomar la cruz y seguirlo, con todas las renuncias que conlleva esta decisión (cf Lc 14, 25-33).

Por supuesto, que son distintos y diversos ‘los seguimientos de Jesús’; cada uno tenemos nuestra vocación personal, nuestra tarea concreta en la vida. Pero la sabiduría en el fondo es la misma porque exige el amor a Jesús y la negación al propio egoísmo en un amor de benevolencia y donación de sí mismo.

Es verdad que para los que han de cumplir la misión ministerial o de especial consagración al Señor, se le exigen renuncias radicales similares a las señaladas en el Evangelio, para estar totalmente a disposición del Señor y así estar a disposición de todos para ser, diríamos, como signos luminosos de su amor, como lo han sido tantos santos y santas de todas las épocas y situaciones; por mencionar algunos: Los Doce Apóstoles, San Francisco de Asís, Santa Clara también de Asís, San Benito, Santo Domingo de Guzmán, San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Jesús, Santo Tomás de Aquino, Santa Teresa de Calcuta, el Padre Pío de Pieltrecina, San Juan XXIII, San Juan Pablo II, San José Sánchez del Río, San Rafael Guízar Valencia, la Beata Conchita Armida y el Papa Juan Pablo I que será proclamado Beato este domingo ( 4 IX 2022); tenemos la memoria de los santos en el Calendario Litúrgico y el Martirologio Romano, que nos dan fe, de algunos hermanos nuestros que nos hablan de ese seguimiento de Jesús, en diversas épocas, lugares y condiciones.

La sabiduría de Jesús, es vivir a Jesús en primera persona; ser testigos de su amor que exige salir de sí mismo, que requiere olvidarse de sí mismo, porque se tiene la experiencia y la certeza de su presencia, de su amor cercano y transformante, escucha de la Palabra y práctica sacramental, y por supuesto, una vida de total entrega.

El seguimiento de Jesús, implica renuncias, que solo son posibles, si en primer lugar tengo un encuentro con Jesús y discierno qué significa Él para mí; ¿lo considero mi Señor, mi Salvador, mi Amigo?

Aceptar la Sabiduría de Jesús, es aceptar la Sabiduría de la Cruz como acontecimiento, no solo de salvación sino de ‘revelación’; así conozco el alcance de su amor, el misterio a través del cual Dios en Cristo, actúa la iluminación interior del Espíritu Santo y se me puede introducir en situaciones profundas de experiencia mística.

Significa ‘tener los mismos sentimientos que tuvo Cristo’ ( Fil 2, 5), para compartir su pasión y su agonía en nuestro propio interior, como un modo sublime de participar de su amor de donación total al Padre y a los  hermanos, los humanos.

San Pablo nos habla de la Sabiduría de la Cruz; él no predica sino a Cristo y a Cristo crucificado fuerza de Dios y sabiduría de Dios para todo aquel que cree’ ( cf 1 Cor 1, 23-24). San Juan Evangelista nos habla de la Sabiduría de la Cruz como exaltación y revelación de Dios amor en la muerte hasta su Corazón traspasado; al morir entrega el Espíritu (cf Jn 13, 1; 19, 30).

En la línea de la mística cristiana san Juan de la Cruz con su ‘Subida del Monte Carmelo’ se conoce la Sabiduría de la Cruz en el proceso de purificación, -las nadas, que se pueden ligar a ese proceso de la ‘kénosis’, vaciamiento    de Jesús, como lo señala san Pablo a los Filipenses ( 2, 5-11), para la divina unión plena de amor. Podríamos conocer las obras de la Beata Conchita Armida, para gustar la Sabiduría de la Cruz, que nos deja anonadados ( ‘La Cruz de Jesús’, diez tomos).

La Sabiduría de la Cruz, verdadero seguimiento de los discípulos de Jesús, comporta la máxima autorrevelación de Dios Amor en Cristo Jesús.

Imagen de u_uckwdyio en Pixabay

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