Por Prisciliano Hernández Chávez, CORC.

LOS SALMOS, ALMA DE MI ORACIÓN

Tiene cuatro partes: Súplica a Dios Defensor (ver. 2); apóstrofe que corta la secuencia de la oración para señalar a los enemigos (ver. 3-5); exhortación a los amigos (ver. 6-7a; oración de confianza 7b-9).

Dios es defensor porque conoce su proceder del justo orante. Se da el apóstrofe contra aquellos que se guían por principios corruptos, como la ambición, la rebeldía, la obstinación. Los enemigos deben dejarse de falsas maquinaciones; deben observar la verdadera piedad, atentos a la providencia. La confianza a partir del versículo 7b continúa hasta el fin del Salmo.

‘En paz me acuesto y enseguida me duermo (ver 9), frase alegórica para indicar la paz y la seguridad en Dios, a pesar de los enemigos. Puede indicar el descanso sereno o el descanso definitivo, según Shöekel.

En la perspectiva cristiana 4, 26, ‘Si alguien llega a enojarse, no peque, y que la puesta del sol no los encuentre enojados’, tiene su relación con el versículo 5: ‘Tiemblen y dejen de pecar, reflexionen en el lecho y guarden silencio’.

El texto que expresa el consuelo en 2 Cor 1,3-5: ‘Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo y Dios de todo consuelo. Él nos consuela en todos nuestros sufrimientos, para que nosotros también, con el consuelo que recibimos de Dios, podamos consolar a los que pasan por cualquier sufrimiento. En efecto, porque, así como los padecimientos de Cristo abundan en nosotros, así también abunda en nosotros el consuelo que viene de Cristo’.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 25 de diciembre de 2022 No. 1433

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