Por P. Fernando Pascual

Basta con girar entre diversas páginas “informativas” para constatar cómo dominan ciertos argumentos, cómo reina una sorprendente uniformidad a la hora de indicar quiénes son “buenos” y quiénes son “malos”, cómo se silencia casi por completo lo que puedan decir quienes piensan de otra manera.

Constatar este fenómeno debería llevar a una reacción sencilla: desconfiar de las “informaciones” excesivamente orientadas hacia una perspectiva. Porque cuando periódicos, cadenas de radio, noticieros televisivos, y tantas agencias de noticias coinciden al ofrecer un único relato, significa que no conseguimos una verdadera información abierta.

Por eso, podemos soñar y trabajar por una información abierta. Tal información estará interesada por temas que no aparecen normalmente en las noticias, porque incomodan a los poderosos, porque van contra algunas ideologías dominantes, porque ponen el foco en las preocupaciones concretas de la gente común.

Hablar de información abierta, ciertamente, no implica dejar espacio a quienes mienten de modo descarado, a quienes manipulan a favor de intereses injustos, a quienes sostienen ideologías favorables a delitos como los del racismo, el aborto o la violencia contra inocentes.

Por el contrario, trabajar por una información abierta significa ayudar a los periodistas y a quienes colaboran con ellos a abrir los ojos a la realidad en sus muchos matices, a no cerrarse a una narración sin escuchar otros puntos de vista que merecen ser considerados.

El mundo de la información tiene un grave déficit de autonomía, sea porque los periodistas no cuentan con verdadera libertad de investigación, sea porque han sucumbido a modos ideológicos de ver las cosas que les impiden tener una mente auténticamente abierta.

Ante esa falta de autonomía, todo esfuerzo bien llevado por abrir horizontes, por difundir noticias sobre temas olvidados, por escuchar las legítimas opiniones en juego, hará posible que surge ese periodismo abierto que tanto necesitamos para conocer un poco mejor el mundo en el que vivimos.

 

Imagen de StockSnap en Pixabay


 

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