Por P. Gabriel Álvarez Hernández

El Papa Francisco ha elegido este lema para la Jornada Mundial de las Misiones a celebrarse, este año, el domingo 22 de octubre. Se inspira en el relato de los discípulos de Emaús “que estaban confundidos y desilusionados, pero el encuentro con Cristo en la Palabra y en el Pan partido encendió su entusiasmo para volver a ponerse en camino hacia Jerusalén y anunciar que el Señor había resucitado verdaderamente. En el relato evangélico, percibimos la trasformación de los discípulos a partir de algunas imágenes sugestivas: los corazones que arden cuando Jesús explica las Escrituras, los ojos abiertos al reconocerlo y, como culminación, los pies que se ponen en camino. Meditando sobre estos tres aspectos, que trazan el itinerario de los discípulos misioneros, podemos renovar nuestro celo por la evangelización en el mundo actual” dice en su mensaje publicado el 6 de enero de 2023 en la solemnidad de la Epifanía del Señor.

Los misioneros son aquellas personas que, alimentadas con la Palabra de Dios, se identifican con ella y se convierten en auténticos profetas que encarnan esa palabra y que los hace apóstoles capaces de portarla hasta los confines de la tierra. Desde niños los imaginábamos en tierras de misión, aquellos lugares donde no conocen a Cristo, con gente extraña para nosotros en su tono de piel, en su lenguaje y en sus costumbres, incluso enfrentando los peligros de animales salvajes como los leones que parecían siempre dispuestos a devorarlos. Hoy, la realidad supera esas ideas infantiles porque sucede que, por el hecho de ser cristianos, por haber recibido la vocación de hijos de Dios por el bautismo, todos somos misioneros y nuestro campo de misión no es otro que el ambiente donde se desarrolla nuestra vida de todos los días; es la oficina y la cocina, la escuela y la calle donde estamos llamados a cantar las maravillas que Dios ha hecho con nosotros, a ejemplo de María y su magnificat.

“Un misionero es un hombre enamorado, una mujer enamorada. Es alguien que ha descubierto que Dios vale la pena, que Dios, solo Él, basta, y que ha decidido vivir la vida con Él y para Él. El corazón del misionero tiene algo de romántico, porque no mide las dificultades o las limitaciones propias. Tiene el corazón encendido, porque se fía de Dios, que le cuida y atiende, que pone en su voluntad deseos grandes de entrega y de servicio. Con razón Francisco comentó que la misión es fruto de dos pasiones: la pasión por Dios y la pasión por su gente” (cf. EG 268).

El DOMUND es la jornada mundial por las misiones, es el día en que, de un modo especial, la Iglesia universal reza por los misioneros y colabora con las misiones y lo celebramos en todo el mundo el penúltimo domingo de octubre, el “mes de las misiones”. El buen Dios le conceda a usted, estimado lector, más aún, nos conceda a todos los bautizados “Corazones ardientes, pies en camino” para ser una Iglesia en salida, una Iglesia misionera.

Publicado en Semanario Comunión Querétaro

Imagen de Carlos Daniel en Cathopic


 

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