Por P. Prisciliano Hernández Chávez, CORC.

El último acontecimiento de la Historia, será el juicio universal, el juicio escatológico o final.

Estamos acostumbrados a ser jueces de personas, de hechos sociales, nacionales o de impacto internacional. Nuestra opinión lleva inscrita la sentencia condenatoria o, a veces aprobatoria, según los puntos de vista y lo que influye en cada uno según la emoción o la formación.

Se juzga a los políticos que prometieron el oro y el moro; al final dan atole con el dedo para enriquecerse, algunos subrepticiamente, y con frecuencia, son tan hábiles que encuentran quien les proteja las espaldas y quedan impunes ante las leyes que supuestamente son garantes de la justicia.

Cantidad inconmensurable de gobernantes que, para reafirmar su poder y su gloria, bajo pretextos baladíes, o razones que ameritan la defensa armada, por su desproporción, cometen crímenes de lesa humanidad.

Atrocidades infligidas contra personas débiles, indefensas y vulnerables, quedan solo en la noticia; no hay juez, ni condena legal por falta de acusación formal y, sobre todo, de pruebas. Así los criminales gozan de cabal impunidad, después de los delitos fehacientes.

Nuestro juicio sumario, no es suficiente para estos obradores de la iniquidad; sino también nosotros seremos juzgados; no por el amor abstracto de las ideas, sino por nuestros hechos concretos de compasión y de misericordia; ni siquiera son suficiente las protestas de toda índole. Ante el juicio último, universal y personal, contará la ayuda concreta al necesitado.

No bastan las autojustificaciones ideológicas simplistas destructoras de lo complejo; ni las posturas filosóficas aparentemente razonables, como las surgidas de la ‘fenomenología del espíritu’ de Hegel, porque el Cristianismo ha hundido al hombre en una consideración de esclavitud respecto de Dios, el hombre esclavo de Dios; o de Nietzsche, en la ‘gaya ciencia’, se considera él, sepulturero de Dios, el hombre asesino de Dios, las religiones son tumbas y monumentos funerarios de Dios; o  del Marxismo, la religión es el ‘opio del pueblo’, utiliza a Dios para justificar una situación de injusticia, engañando al oprimido; o para Freud, la religión es una manifestación neurótica; o para Sartre, la vida es una pasión inútil, inútil si la vida se orienta a la búsqueda de Dios, el infierno es el ‘otro’,-‘L’enfer, c’est les autres’, como hablar del cielo o del infierno son pasión inútil, la desgracia es que existan los demás.

Más allá de los planteamientos personales, de filosofías ateas o de religiones de creyentes, todos hemos de comparecer ante Jesús Dios verdadero y hombre, quien habrá de juzgar a todos, como se nos señala en el texto de san Mateo 25, 31-46 y que lo confesamos domingo a domingo en la profesión de fe: ‘… Creo en un solo Señor, Jesucristo…sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin…’

Como indica von Balthasar,’…la vida de Cristo se hace norma de toda vida histórica, y, con ello, de toda Historia en general’(Teología de la Historia). Por eso lo que hacemos o dejamos de hacer por nuestros hermanos necesitados, lo hacemos por Cristo quien se hace presente en ellos y él mismo es su rostro; él en sí mismo es el criterio absoluto de comportamiento y de discernimiento en virtud de su encarnación, en virtud de su enseñanza, en virtud de su muerte en Cruz y de cara a su redención.

Cristo personificado en los pobres, en los necesitados de misericordia, en los urgidos de compasión para los más miserables desde el punto de vista económico, social y psicológico. Se cumple lo del profeta Isaías, voz de Dios, quien nos dice ‘¿No será mas bien este el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas de la injusticia, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrantar todos los yugos, de partir el pan con el hambriento, hospedar a los pobres que no tienen casa, vestir a los que no tienen ropa y no desentenderte de los que son de tu misma condición humana? (Is 58, 6-7).

Entonces, no basta la crítica ilustrada y mordaz para estar satisfechos; es necesaria, según el plan de Dios realizado en su tiempo y en su misión por Cristo y prolongado en cada discípulo de Jesús; el hacer el bien concreto a los demás, con un corazón compasivo y misericordioso. Esto es lo esencial y el contenido del juicio final, realizado por quien murió en la Cruz y es el Señor de la Gloria.

¿Qué hacemos o hemos hecho por los necesitados? A veces nuestros medios económicos pueden subvenir a las necesidades urgentes. Pero el círculo no se encierra ahí. Debemos buscar el ‘sadoqá’, es decir, la justicia en el nombre de Dios, para aquellos que son violentados en su dignidad y en su condición de personas. El círculo, sigue más bien en espiral: ¿qué hacemos por los migrantes, por los marginados, por los esclavos de la droga, con los que carecen de salud física o mental, con aquellos que no tienen afecto o con aquellos que viven su destrucción progresiva, con los huérfanos, con los niños y mujeres robados por el crimen? ¿Qué hacemos por los jóvenes esclavos digitales sometidos a la hiperinformación carentes del sentido radical de la vida?

El Papa Francisco, criticado por los medios digitales y por algunos eclesiásticos de alta jerarquía, se olvidan de su línea programática acorde con el evangelio de la misericordia y de la compasión para todos, sin exclusión. No las altas teologías fundamentadas en santo Tomás, quien tuvo presente la objetividad de la ontología y está bien, pero no consideró, porque no era el tiempo ni el horizonte de su teología, el valor de la subjetividad concreta de cada persona, consideración propia de la modernidad, como lo hizo Karol Wojtyla, nuestro san Juan Pablo II.

La norma absoluta es la misericordia; no la teología de los pichicatos y mediocres, defensores de una pseudo ortodoxia que tiene acentos farisaicos, cercana a Anás y Caifás, pero no a Jesús de Nazareth.

Recordemos con san Juan de la Cruz que ‘al atardecer de la vida nos examinarán del amor’ (Avisos y sentencias, 57), entendido el amor concreto, traducido en obras efectivas de misericordia.

 

Imagen de Miles Christi en Cathopic


 

Por favor, síguenos y comparte: