Por P. Fernando Pascual

En muchos lugares notamos cómo la gente formula comentarios muy negativos hacia los políticos, sea en general, sea respecto de partidos importantes.

Al mismo tiempo, en esos lugares un buen número de votantes, en las elecciones, vuelve a votar una y otra vez a partidos políticos que se “perpetúan” en el poder.

Surge la pregunta: ¿cómo es posible que haya tantas críticas y tanta desconfianza respecto de ciertos políticos y luego la gente, en números importantes, los vuelve a votar?

No resulta fácil responder. Quizá sea de ayuda reconocer que, a pesar de los defectos de partidos y de políticos concretos, los votantes prefieren lo malo conocido en vez de lo bueno por conocer, según el refrán.

Otras veces los electores perciben los daños que gobiernos y parlamentos provocan por culpa de leyes mal pensadas y de opciones que llevan a más impuestos, a inflación, a deficiencias en hospitales y sectores importantes para la vida social.

Entonces surge un deseo intenso de buscar modos concretos para regenerar la clase política, para encontrar alternativas eficientes y honestas que permitan mejorar las sociedades.

Pero ese deseo no encuentra modos eficaces para llevarse a cabo. En ocasiones, incluso, un grupo nuevo que prometía mejoras importantes termina por alinearse al “sistema” y a poner en marcha proyectos irresponsables.

Frente a esta situación, parece que las alternativas son escasas. Sin embargo, existen maneras concretas de presionar a los políticos para que se pongan a trabajar por el bien de sus Estados, y para que así puedan ganarse, seriamente, la confianza de la gente.

Bastaría con algo tan sencillo como un masivo voto en blanco, unido a presiones concretas como las de un boicot bien orientado (que no dañe a inocentes, sino que afecto en su corazón a dirigentes corruptos).

Tal vez eso no sea suficiente, pero hay que ponerse a trabajar para que la situación no se haga endémica, como por desgracia ocurre en no pocas democracias.

Cada vez que llegan las elecciones, vale la pena reflexionar sobre cómo conseguir que las personas no voten a políticos incompetentes, y cómo poner en marcha leyes concretas que permitan un efectivo control de los programas y los candidatos por parte de esos millones de votantes que esperan paz, justicia y mejoras concretas en sus vidas.

 

Imagen de Pete Linforth en Pixabay


 

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