Por Rebeca Reynaud

Santiago Martín, en una reflexión, comentaba que muchos acudimos a nuestra Madre en busca de consuelo o de algún favor. Le decía una madre a su hijo, ante una necesidad, una expresión que se usa en España: “En el cielo, es María quien parte el bacalao”.

“Madre, no te merezco, pero te necesito”. Y ante una aflicción, Ella nos dirá lo que a Juan Diego: “¿No estoy aquí que soy tu madre?”. La tenemos permanente en el Cielo como Abogada nuestra.

Hay un chiste que dice que San Pedro le dice a Dios: “Veo gente en el Cielo a las que yo no he dejado entrar”. Dios llama a San Miguel y le pide que haya una investigación. Regresa San Miguel y dice. Detrás hay una puerta chica y la Virgen deja pasar por allí a muchos. Contesta Jesús: “Déjala, son cosas de mi Madre”.

San Agustín decía: “Si no puedes evitar pecar, al menos odia el pecado que haces”. Si no queremos ser santos, al menos hay que desear quererlo, el menos vive pidiendo perdón.  

El amor que sentimos por María, que es maravilloso y se expresa de muchas maneras en la piedad popular, tiene el peligro de que se crea que amor es equivalente a sentimentalismo, a sensibilidad, pero el amor es más que el sentimiento, también en el amor humano. “Ya no siento nada, allí te quedas”, para luego volver a decir que se ama; el sentimiento puede ir y venir, el amor no es así. María es un modelo a imitar, hemos de imitarla, ¿en qué? En el amor a Jesús. María permite que nazca; que yo le permita nacer en mi corazón. Olvidarla no es amor verdadero.

Donde hay unidad y amor allí está Dios. La mamá une, la mamá quita hierros, habla bien del ausente, invita a perdonar, a evitar los celos entre hermanos y a quitar importancia a cosas a las que quizás estés dando mayor entidad. Nosotros queremos también unir, sin ofender.

Cuidar a Jesús es cuidar al prójimo, al que está en la cárcel o en el hospital. Cuidar de Jesús en la Eucaristía y del prójimo que sufre es imitar a María. Imitar a María significa evangelizar, hablar de Dios, con prudencia, con sabiduría, con oportunidad y con valentía. Dios nos pedirá cuenta de cómo hemos transmitido la fe. 

¿Quieren matar a Jesús? José y María se lo llevan a Egipto. Hay que defender a Jesús defendiendo su divinidad y su mensaje. Hay que defenderlo al estilo de María, sin agresividad, sin insultos.

¿Qué más hizo la Virgen? Le cuida, le educa, le defiende, le ama y estuvo con Él al pie de la Cruz, ella le dio su apoyo con su presencia, con su mirada. Él sabía que tenía adelante a aquella que se había fiado de Dios. ¿Cómo imitar a María? Cuando nos llegue la Cruz, abrazarla y decir a Jesús: “Por Ti, contigo”.

Con el paso de la edad nos encontramos con la cruz de cada día, y ¿qué vamos a hacer? Decir “cuenta conmigo”, esa es la imitación suprema de la Virgen. Ella es nuestra fortaleza, nuestro refugio, para ello necesitamos la gracia de Dios y la intercesión de María. Que así sea.

 

Imagen de Gerar images bajo licencia Creative Commons:

Nuestra Señora de los naúfragos, Punta de Raz, Plogoff, Finisterre, Bretaña (Francia)


 

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