Por Rebeca Reynaud

Los gestos faciales son expresiones que se hacen con los rasgos del rostro para transmitir emociones, impresiones, procesos cognitivos, esfuerzo físico y temor, entre otros. Son un lenguaje universal que trasciende las barreras del idioma.

Las expresiones faciales son los cambios que ocurren en nuestro rostro como expresión de cambios emocionales internos. A veces nos preguntan: “¿Qué te pasa?”, con solo ver la expresión de nuestra cara. Las emociones generalmente son las que llevan el timón de nuestras vidas, desde allí podemos tomar decisiones equivocadas sino pasan por la inteligencia y la reflexión.

La risa, el llanto, arrugar la nariz o fruncir el ceño, indican que la persona está reaccionando ante un estímulo.

Las emociones y los sentimientos son cambiantes y nos pueden traicionar, por eso hay que cultivar la prudencia, la templanza y la fortaleza para elegir lo que realmente nos conviene y no lo que nos emociona.

Existen expresiones faciales voluntarias e involuntarias. Las involuntarias son controladas desde el tallo cerebral, que controla las expresiones inconscientes y espontáneas. Por su parte, la corteza motora se encarga de las expresiones voluntarias, que es la parte del cerebro encargada de los movimientos intencionales y voluntarios. Por eso puede ser fácil distinguir una sonrisa falsa.

¿Cuántos músculos tenemos en la cara? Aproximadamente 43 aunque algunos dicen que más debido a la superposición de músculos pequeños. La cuestión es que debido a ellos la cara es de gran expresión, y es lo primero que percibimos de una persona, su expresión.

¡Cuánto daño puede causar una palabra áspera! Nadie puede calcular su alcance. Qué importante es que nuestras palabras sean dulces y amables, incluso cuando corregimos.

También se dan gestos de finura como llevar una tarjeta de felicitación o unas flores en un agasajo. En el cumpleaños de un amigo, basta con una llamada o un watssup para hacerlo sentir feliz. Es fantástico cuando una persona lleva a otra un pan, un dulce, un pastelito o unas fotos sin esperarlo. Los detalles nos dan alegría, son gestos de cariño.

Comparto una experiencia gratificante que tuve al escuchar la conferencia del Dr. Ricardo Castañón Gómez. Este doctor acostumbra reflexionar sobre el poder de la palabra. En su libro Hábitos y actitudes, cuando la palabra hiere, afirma que la palabra afecta al cerebro, tiene un efecto físico, de allí la importancia de que la palabra sea constructiva. Cuando la experiencia ha sido grata se produce dopamina, y hay cambios neuroquímicos. Cuando hay descontento y pelea hay una reacción de adrenalina. Por eso, cuando la gente es peleonera lo mejor es hablar en corto.

El autor explica con acierto los distintos mecanismos que se registran cuando el hombre habla y escucha. Se puede así comprender por qué muchos hablan de una manera y por qué otros hacen del noble recurso verbal, un instrumento tan doloroso como un bisturí mal maniobrado. Presenta perfiles realizados por primera vez, sobre las características de aquellas personas que edifican o destruyen por medio de la palabra. Por eso propone al lector la “eufonía”, o sea, un modo positivo y constructivo del uso de la palabra, particularmente en un periodo de tanta confusión e incomprensión psicosocial como el de hoy.

Cuando hemos herido, dejamos huella. Un principio maravilloso es pedir perdón y perdonar siempre, y si cuesta trabajo, le pedimos ayuda a Dios y Él ayuda.

Imagen de Jonathan Alvarez en Pixabay

 

 


 

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