Por Bruno M. – InfoCatólica

La Anunciación es uno de esos misterios colosales de los que se puede decir poco y uno siente que lo más apropiado es el silencio, la contemplación y la adoración. Donde la prosa no alcanza, sin embargo, quizá la poesía pueda balbucir unos versos que agraden a nuestra Señora en este día (tratándose de nosotros, sus hijos torpes, se contenta con poco, como buena Madre).

Traigo al blog dos poemas. Uno breve y delicado, como un suspiro de nostalgia hecho letra, escrito por un conocido comentarista del blog, el capitán Haddock. El segundo, más modesto, lo escribí yo en recuerdo del día dichoso en que visité la basílica de la Anunciación en Nazaret.

La perfecta alegría

Qué tuvo que ser, en ese mediodía,
ver esa luz dorada de sagrario
cubriendo la estancia de María,
oyendo el susurro
del ángel enviado.

Vino al mundo la perfecta alegría
con un Sí por los labios más puros
pronunciado.

Cómo vuela loca mi fantasía
pensando en Dios
en niño encarnado.

………………

Recuerdo de Nazaret el día de la Anunciación

No es tan solo un pensamiento,
una idea, una ilusión,
tampoco un bonito cuento
que urdió mi imaginación.

No es lo que yo quiero o siento
fruto de la sugestión,
ni menos un argumento
dentro de una discusión.

Por la divina bondad,
yo de rodillas caí
sobre el suelo que lo vio:

el lugar donde en verdad
puede decirse que ¡aquí!
un día Dios se encarnó.

 


 

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