Por Rubicela Muñiz
El 11 de enero del 2025 el colectivo “Madres buscadoras de Jalisco” logró ingresar al Rancho Izaguirre en Teuchitlán, Jalisco, lugar que dos meses después fue catalogado como campo de exterminio por la cantidad de restos humanos y objetos encontrados.
En entrevista para El Observador de la Actualidad, la madre buscadora y líder del colectivo, Virginia Ponce, nos cuenta cómo fue estar en este lugar de horror y desolación donde las personas eran sometidas a adiestramientos forzados, obligadas a matar a otros y posteriormente asesinadas para ser quemadas o disueltas en ácido.
“Fue muy doloroso ver la situación del lugar. Teníamos miedo e impotencia por lo que encontramos: ropa, zapatos, maletas, accesorios, medicinas. En ese lugar se sentía un dolor”.
Tras el hallazgo, no les fue permitido excavar y solo se limitaron a tomar fotografías y videos de las prendas y objetos diversos para dejar por sentado que algo estaba pasando allí. Fue hasta dos meses después, cuando el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco logró entrar al rancho gracias a una denuncia anónima que llegó a través de WhatsApp, que comenzaron a difundir en sus redes sociales la evidencia recabada. Las fotografías muestran detalles de los objetos, y los videos, divididos en varias partes, detalles de las prendas de ropa.
La publicación (9 de marzo) de las fotografías en donde quedó registrado el día de la búsqueda en el Rancho Izaguirre, aparece a acompañada por un mensaje que denota esperanza y satisfacción ante una lucha incansable:
Esta labor colectiva trasciende a quienes la protagonizan: es un mensaje para todas aquellas que guardan fotografías bajo la almohada y noches en vela. Les dice que, incluso en la oscuridad, hay manos extendidas, estrategias compartidas y corazones que laten al mismo ritmo. Que la ayuda no reconoce banderas ni fronteras, sino que se construye con lo único que realmente importa: la humanidad que nos une.
Hoy, ese alivio no es solo para quienes salieron a buscar, sino también para quienes aguardan en casa. Porque cada avance es una grieta en el muro de la impunidad, una prueba de que, juntas, hasta lo imposible puede tambalearse. La esperanza, al fin, es un acto colectivo.
Una lucha diaria
La presencia de Virginia en el colectivo no es por casualidad. Ella se suma a la larga lista de madres mexicanas que han perdido un hijo a causa de la violencia y que no conocen su paradero.
“Estoy al frente del colectivo desde hace casi tres años. Estoy por amor a mi hijo, para salir a buscarlo y poderlo encontrar. Eso fue lo que me movió para andarlo buscando debajo de la tierra, porque parece que la tierra se lo tragó y cada día es más doloroso por no saber en dónde está. Mi hijo tiene cuatro años y ocho meses que desapareció. No tengo ninguna noticia de él”.
Virginia espera que tras el descubrimiento en Teuchitlán algo pueda cambiar en la forma de actuar de las autoridades, que constantemente les ponen trabas, las dejan solas o no les dan pronta respuesta. A pesar de la negligencia siguen escarbando y denunciando, pues este no es el primer hallazgo de esta naturaleza en el país, otros estados como Michoacán, Tamaulipas, Baja California y Coahuila también tienen su historia.
“Espero que esto cambie porque se están llevando a nuestros seres amados. Los están reclutando. Cada día están desapareciendo más y necesitamos el apoyo de las autoridades. Uno de los mayores obstáculos es que no tenemos el apoyo del gobierno, salimos a buscar sin ninguna protección. Por el amor a nuestros hijos salimos a buscarlos aunque sea con miedo. Pero si no salimos a buscarlos nosotros, nadie nos va a dar razón de ellos”.
Las necesidades
El colectivo “Madres buscadoras de Jalisco” tiene un registro a favor de más de mil personas localizadas. Una labor nada sencilla cuando se trabaja con recursos propios y en el estado mexicano con mayor número de desaparecidos.
“Necesitamos de su apoyo, que vean la situación que estamos pasando. Nosotros no pedimos estar aquí, pero por el amor a nuestros hijos nos estamos arriesgando. Necesitamos agua, sueros, guantes de tela, herramienta y también efectivo, pues estamos pagando una camionetita que nos cobra 2 mil 500 pesos en cada salida. Nos cooperamos para poder pagarlo y para poder salir dos veces por semana”.
“Lo que nosotros queremos de la sociedad es empatía, porque a pesar de que somos víctimas, también somos victimizadas por la sociedad y por el gobierno. Pero culpables o inocentes ellos merecen regresar a casa”.
“A veces las mismas personas nos dañan con sus comentarios, pero es más grande el amor que tenemos por nuestros hijos, y es lo que nos hace seguir en esta lucha. Hay que seguir adelante para poderlos traer a casa, porque en la casa está la familia y una silla vacía”.
Virginia y el resto del colectivo no tienen intención de regresar al Rancho Izaguirre en Teuchitlán, centro de exterminio en donde fueron asesinadas cientos de personas, pero a través de sus redes sociales ofrecen apoyo a quienes encuentren coincidencia con alguna de las prendas u objetos mostrados en su página. Además de una base de datos de la Fiscalía del Estado que constantemente es actualizada: https://n9.cl/z328g.
Apóyalas
*Compartimos el número de cuenta en caso de que desees hacer una aportación voluntaria al colectivo: 4169 1604 7973 0450 (BANCOPPEL).
*Facebook E: Madres Buscadoras de Jalisco
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 23 de marzo de 2025 No. 1550