Por P. Fernando Pascual

Al cumplirse los 1700 años del Concilio de Nicea, que tuvo lugar en el año 325, el Papa León XIV publicó una hermosa carta apostólica sobre este importante momento de la Iglesia.

Entre las diversas reflexiones que expuso el Papa, una puede resultar sorprendente, pero de gran interés: el hecho de que en algunos lugares los obispos se convirtieron en herejes, mientras que la mayoría de los fieles laicos mantenían su auténtica fe católica.

Así lo explicaba el Papa: “Hemos dicho que Nicea rechazó claramente las enseñanzas de Arrio. Pero Arrio y sus seguidores no se rindieron. El mismo emperador Constantino y sus sucesores se alinearon cada vez más con los arrianos. El término homooúsios se convirtió en la manzana de la discordia entre nicenos y antinicenos, desencadenando así otros graves conflictos. San Basilio de Cesarea describe la confusión que se produjo con imágenes elocuentes, comparándola con una batalla naval nocturna en medio de una violenta tempestad, mientras que san Hilario da testimonio de la ortodoxia de los laicos frente al arrianismo de muchos obispos, reconociendo que «los oídos del pueblo son más santos que los corazones de los sacerdotes»” (León XIV, Carta apostólica In unitate fidei, 23 de noviembre de 2025).

La referencia de san Hilario (que se encuentra en Contra arianos seu contra Auxentium, 6: PL 10, 613) es sumamente bella, y vale para todos los tiempos. A lo largo de la historia, ha habido sacerdotes y obispos que se han apartado de la fe verdadera y que han defendido herejías más o menos graves.

En algunos lugares, los fieles laicos se han dejado engañar por pastores desorientados. Pero en otros lugares, con la ayuda de Dios, muchos fieles han sabido conservar su fe, a pesar de los errores de sus pastores, pues, según la idea de san Hilario, esos fieles tenían unos oídos más santos, y por eso, podemos añadir, eran capaces de corregir a sus sacerdotes.

Puede ocurrir hoy que haya sacerdotes, o incluso obispos, que enseñen ideas contrarias al Evangelio y a los dogmas católicos. Cuando un bautizado escuche ideas erróneas, podrá mantenerse como parte del pueblo fiel a Cristo y a la doctrina católica si tiene “oídos santos”, si sabe distinguir entre el mal pastor y el buen pastor.

El diablo es el padre de la mentira. Desde los primeros siglos, ha buscado desorientar a los miembros de la Iglesia para que se aparten de Cristo. Podremos defendernos de sus ataques y tentaciones si mantenemos los oídos del corazón abiertos a la gracia, y si dedicamos tiempo para conocer cada día mejor el gran tesoro de nuestra fe católica.

 
Imagen de Yolanda Coervers en Pixabay


 

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