Por P. Fernando Pascual
El Hermano Lorenzo, un carmelita francés del siglo XVII, vivía con una gran sencillez su relación con Dios, apoyada en un esfuerzo continuo por vivir en su presencia.
En un libro famoso que recoge algunas de sus enseñanzas, se narra cómo contemplar un árbol resultó clave en su vida espiritual.
Según explicaba una persona que lo conocía, esa experiencia se desarrolló de la siguiente manera: “Me dijo que Dios le había hecho un favor singular cuando se convirtió a la edad de 18 años. Durante el invierno, viendo un árbol despojado de su follaje, y considerando que dentro de poco tiempo volverían a brotar sus hojas, y después aparecerían las flores y los frutos, el Hermano Lorenzo recibió una visión de la Providencia y el Poder de Dios que nunca se borró de su alma. Esta visión lo liberó totalmente del mundo, y encendió en él un gran amor a Dios. Tan grande fue ese amor, que no podía afirmar que hubiera aumentado en los cuarenta años transcurridos desde entonces” (Hermano Lorenzo, La práctica de la presencia de Dios).
¿Así de sencillo? ¿Basta un árbol sin hojas para que un joven de 18 años tenga una experiencia de Dios? Sí, así de sencillo, porque Dios da su gracia de muchas maneras, y porque hay corazones que saben acoger esa gracia con sencillez y gratitud.
La vida del Hermano Lorenzo no fue fácil. Además de la terrible experiencia de varios años como soldado en batallas terribles, tuvo que hacer trabajos muy duros y pasar por diversas enfermedades.
Pero su corazón estaba seguro de la potencia y providencia de Dios, y eso le bastaba para vivir siempre en la búsqueda de la presencia de Dios.
Un árbol puede llevarnos a Dios. Como también un atardecer, o el canto de un ruiseñor, o la belleza de una lluvia, o el correr constante del agua que sale de una fuente.
Lo único que necesitamos es un corazón contemplativo y atento. El resto lo hará el Señor, que desea manifestarnos su Amor y que transformará nuestras vidas si aprendemos a vivir abiertos a tantas gracias que nos ofrece a través de sus creaturas más sencillas y humildes.
Imagen de Mabel Amber, who will one day en Pixabay





