La primera encíclica que marcó la historia social de la Iglesia

Rerum novarum, el texto fundacional de la doctrina social de la Iglesia, publicada hace 135 años por el papa León XIII tiene una versión popular para “reactualizar” su contenido a la luz de las actuales realidades de América Latina.

El Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), a través del Centro de Gestión del Conocimiento, publica esta primera encíclica social de la Iglesia con un lenguaje al alcance de todos.

De hecho, explica monseñor Lizardo Estrada, secretario general del Celam, esta guía “no pretende repetir un documento antiguo, sino reactualizarlo desde las realidades de América Latina y el Caribe, ofreciendo un lenguaje cercano y comunitario que “nos permita volver a las fuentes sin quedarnos en el pasado”.

El obispo aseguró que esta encíclica marcó un punto de inflexión en la reflexión cristiana sobre la justicia, el trabajo, la economía y la dignidad humana, porque “su enseñanza abrió un camino que todavía hoy ilumina nuestras búsquedas como pueblos creyentes y comunidades que caminan juntas”.

Plena vigencia

Monseñor Estrada asegura que desde entonces (siglo XIX) nada ha cambiado en cuanto a las relaciones de poder y explotación, ahora nuevas tecnologías, nuevas formas de trabajo, nuevas pobrezas se erigen cual explotadores.

Sin embargo, las intuiciones esenciales de Rerum novarum “mantienen una fuerza sorprendente. Su denuncia de la desigualdad, su defensa de los trabajadores y su llamado a reconocer la dimensión social de la propiedad siguen interpelándonos”.

A esto se suma la novedad significativa de León XIV al publicar su primera exhortación apostólica, Dilexi Te (Te he amado), subrayando que “las verdaderas cosas nuevas de cada época son siempre el clamor de los pobres, la dignidad de quienes trabajan, la defensa de la vida en su totalidad y el cuidado de la casa común”.

Ambos textos tienen afinidad, por ende, muestran la continuidad del magisterio social y “su capacidad para acompañar los grandes cambios de la historia, sin perder su raíz evangélica”.

Explicó que esta versión popular hace un correlato respetuoso y fecundo entre ambos documentos: el de León XIII, de 1891, y el de León XIV, de hoy, marcados por la misma pasión por la justicia.

Una Iglesia que lee los signos de los tiempos

Lo que la Iglesia decía (1891):

Las “cosas nuevas” de ayer y de hoy: El Papa León XIII publicó Rerum novarum, una denuncia contra la deshumanización del trabajo. Su postura no fue el rechazo a la modernidad, sino la exigencia de un progreso con rostro humano, donde la técnica y la empresa estén siempre subordinadas a la dignidad de la persona, la justicia social y los valores del Evangelio.

Dignidad y organización de los trabajadores: La dignidad humana no está sujeta al arbitrio de los hombres ni del propio individuo; es un deber sagrado ante Dios que prohíbe cualquier forma de explotación o degradación.

El rol del Estado y la justicia social: El Estado debe velar por el bien común como propia misión suya. A mayor abundancia de medios, menor será la necesidad.

La Iglesia en el mundo del trabajo: No está permitido violar la dignidad humana ni poner trabas a quien busca la perfección que lo conduce al cielo.

Trabajo, ecología y era digital: La naturaleza tiene que haber dotado al hombre de algo estable y perpetuamente duradero, de que pueda esperar la continuidad del socorro”

Lo que la Iglesia dice (hoy)

Las cosas nuevas de ayer y hoy: La vida cristiana exige un compromiso activo en la transformación de la sociedad, utilizando herramientas humanas y técnicas para combatir la injusticia y hacer presente el Reino de Dios en el mundo.

Dignidad y organización de los trabajadores: La fe y la conciencia social exigen una respuesta activa ante la injusticia, pasando de la simple observación a la transformación real de las estructuras económicas y políticas mediante el compromiso colectivo.

El rol del Estado y la justicia social: La organización de las sociedades en todo el mundo todavía está lejos de reflejar con claridad que las mujeres tienen exactamente la misma dignidad e idénticos derechos que los varones.

La Iglesia en el mundo del trabajo: La condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia.

Trabajo, ecología y era digital: La Doctrina Social de la Iglesia ha visto siempre el trabajo humano como participación en la creación que continúa cada día, también gracias a las manos, a la mente y al corazón de los trabajadores.

El llamado hacia una sociedad más justa:

Las cosas nuevas de ayer y hoy: El discernimiento cristiano debe priorizar la dignidad humana y la inclusión de los vulnerables por encima del simple progreso técnico o las tendencias mediáticas.

Dignidad y organización de los trabajadores: humanización del trabajo, donde la economía y la tecnología se reorganicen para proteger la dignidad de la persona en lugar de sacrificarla en favor de la rentabilidad.

El rol del Estado y la justicia social: La justicia social exige que el Estado sea realmente garante del bien común y que la ciudadanía participe activamente. No basta con leyes; hacen falta comunidades vivas que vigilen y colaboren.

La Iglesia en el mundo del trabajo: Ser Iglesia en el mundo del trabajo implica transformar junto con acompañar. Es decir, no solo liturgia, sino solidaridad organizada. No solo palabras, sino construcción de economías que valoren el trabajo, el cuidado, la fraternidad.

Trabajo, ecología y era digital: No demonizar la tecnología, sino ponerla al servicio de la vida plena. La verdadera “cosa nueva” será una humanidad que use la innovación para levantar a los que quedaron atrás y para cuidar la casa común.

Descarga el texto completo aquí.

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 11 de enero de 2026 No. 1592

 


 

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