¿Qué significa esto para dos esposos?

Por Cecilia Galatolo

Ha generado debate un discurso del Papa León XIV, pronunciado el verano pasado, precisamente el 20 de agosto de 2025, durante una audiencia general de los miércoles. El Papa reflexionó sobre el tema del perdón partiendo de la traición de Judas, y subrayó que Jesús compartió el bocado incluso con él, para mostrar que no dejó de amarlo, aunque Judas fuera libre de rechazar ese amor.

En su discurso, el Pontífice afirmaba: “Cuántas relaciones se rompen, cuántas historias se complican, cuántas palabras no dichas quedan en el aire. Sin embargo, el Evangelio nos muestra que siempre hay una manera de seguir amando, incluso cuando todo parece irremediablemente comprometido”. A esto añadió: “Perdonar no significa negar el mal, sino impedir que genere más mal. No es decir que no haya pasado nada, sino hacer todo lo posible para que no sea el rencor el que decida el futuro”.

Libres del rencor

Para el Papa, si se sigue la enseñanza evangélica, “amar significa dejar al otro libre —incluso para traicionar— sin dejar nunca de creer que incluso esa libertad, herida y perdida, puede ser arrancada del engaño de las tinieblas y devuelta a la luz del bien. […] Aunque el otro no lo acoja, aunque parezca vano, el perdón libera a quien lo ofrece: disuelve el resentimiento, devuelve la paz, nos devuelve a nosotros mismos”.

Estas palabras han suscitado reacciones de todo tipo: entre quienes comprendieron y acogieron el mensaje, y quienes sostuvieron que León XIV estaba transmitiendo una visión desviada del amor. Aplicando este discurso a la familia y al matrimonio, algunos afirmaron que el Pontífice estaba justificando la traición de un esposo o de una esposa, invitando al cónyuge herido a soportar y aceptar.

Sin embargo, si se lee con atención lo que el Papa dijo, se puede reconocer un mensaje mucho más profundo: confiar en el bien incluso cuando no se ve, no dejarse dominar por sentimientos de odio o revancha, sino responder con una moneda distinta.

Un testimonio de perdón conyugal

Pensando en la realidad del matrimonio y del divorcio, hay esposos que eligen seguir siendo fieles y amar, incluso en la separación, de una manera nueva. Es el caso de Ettore Leandri, presidente en Italia de la fraternidad “Esposos para Siempre”. Su esposa traicionó el pacto conyugal, eligiendo la separación. A él le fue arrebatado mucho: la casa, la cotidianidad con sus hijas y muchas otras cosas.

Y, sin embargo, decidió no odiar, no reprochar, no condenar. Decidió vivir su situación con fe.

Las palabras del Papa están lejos de ser irreales o inapropiadas para la historia de un matrimonio herido. “Amar significa dejar al otro libre —incluso para traicionar—” y “Aunque el otro no lo acoja, aunque parezca vano, el perdón libera a quien lo ofrece: disuelve el resentimiento, devuelve la paz, nos devuelve a nosotros mismos”.

La esposa de Leandri fue libre de dejarlo, de abandonar el proyecto compartido, incluso contra su voluntad. Pero él es libre de no odiarla por ello, de respetarla y honrarla a pesar de sus acciones. Es libre de responder a la traición con perdón, a la infidelidad con lealtad, hasta el final.

¿Perdonar: signo de debilidad o de fuerza y libertad?

Traición y perdón, lealtad e infidelidad son realidades que se entrelazan desde siempre en la historia de la humanidad. Son temas actuales, presentes en la vida de todos y con muchas facetas. Ninguna cultura puede evitar confrontarse con las dinámicas ligadas a la fragilidad humana, que nos lleva, por un lado, a herir y decepcionar, y por otro, a tener que elegir —no sin esfuerzo ni conflictos interiores— si responder al mal con mal o seguir otro camino.

Desde siempre, las páginas de la literatura, las representaciones teatrales y las películas nos muestran sentimientos ambivalentes entre el odio y el perdón. Por un lado, la dificultad de perdonar o la voluntad de no hacerlo. Por otro, la paz que llega cuando se deja ir el rencor.

Hemos abordado el tema desde distintos puntos de vista. A menudo lo hacemos partiendo de obras literarias o libros clásicos, como en el artículo “Odio, venganza y reparación en ‘El velo pintado’”.

En cualquier caso, la reconciliación o el perdón ofrecido sin esperar nada a cambio son procesos que distan mucho de ser simples o inmediatos: el dolor de una traición puede atravesar el alma.

En algunos casos, perdonar puede parecer un acto de debilidad o incluso una forma de injusticia: se tiene la impresión de que, al perdonar, no se reconoce o se minimiza el mal sufrido.

A veces, siguiendo esta lógica, quien perdona a sus enemigos o invita a hacerlo es considerado fuera de la realidad, como si no comprendiera que odiar es natural cuando uno ha sido víctima.

Y, sin embargo, por muy difícil que sea, quien perdona es libre. Quien usa misericordia es libre.

Libre para volver a vivir. Libre para mirar al otro con ojos nuevos.

Artículo publicado originalmente en www.familyandmedia.eu

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 11 de enero de 2026 No. 1592

 


 

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