Por Cardenal Felipe Arizmendi Esquivel

HECHOS

Estamos iniciando un nuevo año, 2026. Para algunos, quedan sólo recuerdos de sus andanzas durante las vacaciones pasadas. Nada de replantearse propósitos para ser mejores; sólo esperar los siguientes días festivos y planear nuevos destinos. Nada les importan los demás, los que nunca tienen vacaciones, los que permanentemente pasan muchas carencias. ¿Los pobres? Que los atienda el gobierno… ¡Esa es su justificación! Un nuevo año plagado de egoísmos e injusticias, ¿será mejor?

Para quienes queremos vivir a plenitud este y todos nuestros años, Jesús nos enseña que no podemos desentendernos de los demás, empezando por nuestra familia, sino que debemos ampliar nuestro corazón hacia los pobres, los enfermos, los ancianos, los presos, los migrantes, los subempleados, etc. ¡Sólo dando vida a los que sufren es que tenemos vida y este año será mejor! Disculpen que vuelva a insistir en este punto; es que, en esto, se juega también la plenitud de este nuevo año.

ILUMINACIÓN

El Papa León XIV, en su exhortación Dilexi te sobre el amor a los pobres, de una forma muy sólida y evangélica, nos remarca esta dimensión de nuestra fe, que no se reduce a un mero asistencialismo, sino que exige también luchar por un cambio de estructuras:

La solidaridad también es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, la tierra y la vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales. Es enfrentar los destructores efectos del imperio del dinero… Superar esa idea de las políticas sociales concebidas como una política hacia los pobres, pero nunca con los pobres, nunca de los pobres y mucho menos inserta en un proyecto que reunifique a los pueblos (81).

Es preciso seguir denunciando la ‘dictadura de una economía que mata’ y reconocer que mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz… La situación de miseria de muchas personas a quienes esta dignidad se niega debe ser una llamada constante para nuestra conciencia (92).

Para nosotros cristianos, la cuestión de los pobres conduce a lo esencial de nuestra fe. La opción preferencial por los pobres, es decir, el amor de la Iglesia hacia ellos, como enseñaba san Juan Pablo II, ‘es determinante y pertenece a su constante tradición, la impulsa a dirigirse al mundo en el cual, no obstante el progreso técnico-económico, la pobreza amenaza con alcanzar formas gigantescas’. La realidad es que los pobres para los cristianos no son una categoría sociológica, sino la misma carne de Cristo. En efecto, no es suficiente limitarse a enunciar en modo general la doctrina de la encarnación de Dios; para adentrarse en serio en este misterio, en cambio, es necesario especificar que el Señor se hace carne, carne que tiene hambre, que tiene sed, que está enferma, encarcelada. Una Iglesia pobre para los pobres empieza con ir hacia la carne de Cristo. Si vamos hacia la carne de Cristo, comenzamos a entender algo, a entender qué es esta pobreza, la pobreza del Señor. Y esto no es fácil (110). 

ACCIONES

¿Quieres que tu nuevo año sea mejor? Procura estar cerca de quienes sufren peores carencias que las tuyas y haz algo por asistirles. ¡Será un año nuevo de verdad! ¡Seamos esperanza para los demás!

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 18 de enero de 2026 No. 1593

 


 

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